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FUEGO LENTO
Educación global e intelectuales locales
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, 21 de Enero.
Los intelectuales locales que aún quedan, es decir, aquellos cuya
formación no dependió en su totalidad de la educación
formal y que son capaces por ello de reflexionar por encima de sus condicionantes
académicos, se han vuelto una especie en extinción. El sistema
educativo -cada vez más globalizado-es hostil hacia las ciencias
sociales y las humanidades y proclive a enseñar solamente el know-how
de diferentes oficios, sin acompañar este conocimiento de una
contraparte crítica e historizada, que explique la evolución
humana hasta nuestros días y el porqué de sus perfiles actuales.
La criticidad y la historicidad están ausentes de los intereses
educativos de los estrategas ideológicos globales, que no diferencian
el consumo de mercancías del consumo de conocimientos, ni tampoco
los métodos para su promoción, distribución y venta
al público.
Por eso, los estudiantes son cada vez más clientes de las escuelas
y universidades y cada vez menos
estudiantes, en el sentido primigenio de esta palabra, que implicaba ser
alguien que llegaba a un centro educativo no sólo para aprender
una técnica sino también para explicarse y comprender su
sociedad y el mundo críticamente, es decir, más allá
de las ideologías y los intereses sectoriales.
La formación
de seres humanos pensantes ha dejado de ser el objetivo de la educación
como negocio,sencillamente porque un ser pensante es capaz de
desentrañar los entramados políticos que encubren los intereses
de grupo que se justifican mediante
ideologías disfrazadas de teorías científicas. Un
ser humano sólo sensible a los mandatos de los medios masivos de
comunicación, cuyos contenidos son diseñados por el mercadeo
y la publicidad, es necesariamente acrítico y sin un sentido histórico
que lo ubique en el mundo como resultado de un proceso social que es a
la vez local y global.
Si en la dirección
de los Estados de los países tercermundistas se ubican estos productos
de la
educación intelicida y mercantilizada, el resultado será
que las políticas globales de las que habla
Clinton no rebasen los intereses de las corporaciones que financian la
educación pública y privada en el primer mundo y también
en el tercero. Por ello, el sentido profundo de la erradicación
de la corrupción y la impunidad en los Estados del tercer mundo
tiene que ver con la posibilidad de ingresar en la globalización
con un margen de autonomía y soberanía locales que nos
permitan caminar hacia intereses nacionales, los cuales no tienen por
que ser contrarios a la
globalización. Simplemente se trata de darle un perfil local a
lo global. Es decir, de ser glocales sin ser ultrancionalistas ni tampoco
desnacionalizados.
Esto implica la formación
de cuadros políticos intelectuales capaces de pensar por encima
de la
educación que brinda el sistema educativo que trabaja para formar
consumidores y no seres pensantes. Las reformas educativas deben recobrar
la dimensión
humanista de la educación sin por ello dar las espaldas al Mercado.
Se trata de no venderle el almaal Diablo sino de negociar con él.
En tal sentido, la
fundación de centros educativos que preserven la dimensión
crítica e histórica de la educación es imprescindible.
Sólo así el Estado podrá tener dirigentes capaces
de devolverle sus funciones reguladoras y lograr un sano equilibrio respecto
de los altibajos del Mercado.
Este debate sobre
las relaciones entre lo local y lo global se está realizando en
todo el mundo. Las
posiciones extremas son, por un lado, la de la desnacionalización
global y la hegemonía corporativa, y, por el otro, la de los nacionalismos
localistas nostálgicos. Entre una y la otra reside el punto que
cada país del tercer mundo necesita asumir como espacio de la inserción
de su interés nacional en el interés global.
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