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Movimiento
Antiglobalización: y sin embargo se mueve
CAES
A pesar de la criminalización mediática y la presión
policial, de la manipulación y el divisionismo a que nos somete
la recién llegada izquierda mayoritaria, y de nuestras numerosas
patologías, el movimiento contra la globalización capitalista
no para de crecer.
En diciembre de 1999, Seattle inaugura la etapa de "miles de militantes
contra las cumbres del capitalismo", haciendo visible un movimiento
que, a pesar de la feroz represión, se despliega en Washington
(abril 2000), Praga (septiembre 2000) y Barcelona (junio 2001). Un mes
después, Génova expresa trágicamente el escaso margen
que los regímenes parlamentarios de mercado conceden a la democracia
participativa y la libre expresión del desacuerdo. El mensaje de
muerte, violencia y torturas es un aviso a navegantes que conmueve la
inmensa esperanza que millones de personas de todo el mundo habían
puesto en el nuevo movimiento.
En enero de 2002, la segunda edición del Foro Social Mundial de
Porto Alegre, extensísima y contradictoria pluralidad de identidades,
nos transmite, a través de quienes se erigen en sus representantes,
una alternativa salvadora: "menos protestas y más propuestas",
no "anti", sino "por otra globalización".
Como Porto Alegre es todo, también es nada. En esa nada se sustenta
la operación semántico- política de quien, frente
a tanta dispersión, cuenta con un objetivo político electoral
y con medios para articularlo. La resultante de Porto Alegre, administrada
por la socialdemocracia desde sus diversas máscaras políticas,
sindicales y mediáticas, consiste en vampirizar la fuerza de los
millones de damnificados por la globalización, para consolidar
o recuperar sus posiciones institucionales, desde las que seguir impulsando
la globalización. La forma política de esta operación
se llama: "Foro Social". Ahora todo está más claro.
Con la presidencia española de la UE. se han ido produciendo foros
alternativos y movilizaciones contra las distintas Cumbres Europeas de
Ministros de Ramo (Empleo y Asuntos Sociales en Burgos en enero, Justicia
e Interior en Santiago y Asuntos Exteriores en Cáceres, en febrero).
Los días 15 y 16 de marzo, en Barcelona, se reunía el Consejo
Europeo (órgano de dirección política de la U.E.,
compuesto por los jefes de estado o de gobierno de los Quince, más
los presidentes del Parlamento y la Comisión Europea). Según
se aproximaban estas fechas el ambiente se hacía más asfixiante:
medidas judiciales implementando "juicios rápidos" para
los antiglobalización, presión desde los medios atemorizando
a la población con la previsible violencia de las manifestaciones,
supresión de la libre circulación de personas a través
de las fronteras españolas, dispositivo policial y militar abrumador,
ataques del gobierno del P.P. al P.S.C. por desfilar con "terroristas"
-dado que uno de los tres bloques de la manifestación estaba integrado
por organizaciones nacionalistas, entre las que se encontraba Batasuna-,
declaraciones del Foro Social de Barcelona haciendo profesión de
fe pacífica y democrática frente a la previsible violencia
de los Antiglobalización integrados en los otros dos cortejos.
A pesar de este panorama, Barcelona ha sido, una vez más, el orgullo
y la esperanza de la lucha anticapitalista en el Estado Español.
Seis días de marzo han estremecido la ciudad: huelga de enseñanza
media el 7, movilizaciones feministas el 8, macromanifestación
contra el Plan Hidrológico Nacional el 10, manifestación
sindical el 14, múltiples acciones descentralizadas y foro alternativo
el 15 y, finalmente, quinientas mil personas CONTRA LA EUROPA DEL CAPITAL
Y LA GUERRA, con macroconcierto después, el 16.
Después de esta fiesta de democracia popular, de dignidad y madurez
del movimiento antiglobalización catalán, hemos pasado de
movimiento de militantes a movimiento social, produciendo la mayor movilización
anticapitalista del continente y poniendo de manifiesto el fin del monopolio
de la izquierda cómplice en las convocatorias de masas.
Los abusos del capital global, el avance de la precariedad, la violencia
y el envilecimiento, la osadía de la extrema derecha que nos gobierna
y las miserables rutinas de la izquierda mayoritaria, generan un formidable
conflicto potencial sin forma política que lo exprese. Cuando muchos
colectivos, organizaciones y redes territoriales cooperan en lugar de
competir, la diversidad se torna potencia. En Barcelona, centenares de
activistas antiglobalización con actividad social verdadera, han
llevado la convocatoria a millares de militantes locales o sectoriales
que no están en las asambleas antiglobalización. Estos han
trasladado con su propia y corpórea credibilidad el llamamiento
a amplísimos sectores sociales, objeto de su actividad militante
cotidiana.
Un inteligente uso de los medios de comunicación y algunas docenas
de personas con experiencia, que han trabajado sin reservas para el todo
y no sólo para su propia organización, explican el chispazo
creativo entre el conjunto de la sociedad humillada y su parte más
generosa y ética.
La Cumbre de Barcelona, la de ellos, demostrando su desprecio a la voluntad
popular, ha programado más flexibilidad, desprotección social
y miseria moral, sin las cuales el euro no es viable. Nuestro gobierno,
prisionero de su propio extremismo, ya nos ha puesto sobre la mesa nuevas
violaciones a la libertad de asociación política y a las
garantías jurídicas y los derechos económicos de
l@s parad@s. La izquierda globalizadora, tras haber firmado cosas parecidas
con el gobierno, convoca una huelga general para montarse en la ola que
aparenta no haber visto, porque no estaba bajo su control. Estaremos de
acuerdo en empujarla, pero no porque lo digan ellos, sino porque ES NUESTRA
HUELGA GENERAL, propuesta por la CGT como objetivo y asumida como horizonte
por todo el movimiento.
Los ejemplos de la Contracumbre del Ecofin en Oviedo y Euromediterránea
en Valencia, ambas en abril, nos marcan el camino para el Foro Social
Trasatlántico contra la Cumbre de la U.E. y América Latina
del 13 al 19 de mayo en Madrid. Después, una gran huelga general
contra la violencia del euro, en las cercanías de la cumbre de
Sevilla, constituiría un gran impulso para poner límite
a tantos abusos y para la regeneración democrática en el
Estado Español.
Para ello, necesitamos superar, como Barcelona ha hecho, muchas patologías
que nos autodestruyen. Madrid tiene toda la colección. Postmaterialistas
que han decretado el agotamiento de las contracumbres, considerando Barcelona
como una muestra de que vamos detrás y no delante; individualidades
o coaliciones de las mismas que confunden su militancia de asamblea en
asamblea con un movimiento social; calculistas que aspiran a ser el "gozne",
grupos sectarios que sólo apoyan lo que les da réditos,
veneración de lo "nuevo" frente a lo "viejo",
cuando tanto las patologías como las personas dignas y luchadoras
se dan en ambos campos.
Un espacio político común para las redes, áreas temáticas
y colectivos, es condición para que no nos despedacen los ingenieros
que ya han tomado posiciones para controlar el movimiento después
de la presidencia europea. Vamos a por ello.
A. M. CAES
www.rebelion.org
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