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7
de Junio de 2002
Endurecimiento de las leyes de inmigración en Europa -
Una fortaleza Envejecida
*Xavier Caño Tamayo
Un fantasma recorre Europa: la xenofobia de los Gobiernos con sus leyes
de extranjería y el racismo activo de demasiados policías.
Según el informe de Amnistía Internacional, en Austria,
Bélgica, España, Francia, Grecia y Alemania, en 2001 aumentaron
las denuncias por malos tratos a inmigrantes en forma de insultos racistas,
patadas, puñetazos, golpes de porra, vejaciones, agresiones sexuales
y palizas con resultado de lesiones y en algunos casos de muerte. Ambos
hechos están relacionados, pues difícilmente habría
racismo policial violento sin la xenofobia creciente de los gobiernos.
El aumento de votos de Jean Marie Le Pen en Francia y el avance del partido
ultraderechista del asesinado Fortuyn en Holanda no han hecho profundizar
en la democracia a los partidos gobernantes europeos, sino todo lo contrario.
Berlusconi y sus aliados han aprobado en Italia una ley de inmigración
que, según la oposición, es un 'manifiesto del nuevo racismo
y del odio social'. No en vano los artífices de la ley han sido
los criptofascistas Umberto Bossi (líder de la Liga Norte) y Gianfranco
Fini (de la Alianza Nacional). Esta ley convierte en delito la inmigración
sin documentación, sancionable con cuatro años de cárcel.
También recorta la residencia temporal de tres a dos años
y aumenta a cinco años, en vez de cuatro, el tiempo para solicitar
la residencia definitiva; además permite expulsar a un inmigrante
con permiso de residencia si pierde el empleo. El gobierno español
también se prepara para endurecer la dura ley de extranjería
vigente. El gobierno conservador de Dinamarca ha aprobado (con los votos
del criptofascista Partido del Pueblo) una ley de inmigración con
condiciones mucho más difíciles para los extranjeros; el
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha expresado
sus dudas de que esa ley se ajuste a los tratados internacionales firmados
por Dinamarca. Por su parte, Jacques Chirac, presidente de Francia, y
Gerard Schröeder, canciller de Alemania, acordaron a finales de mayo
endurecer las leyes de inmigración de la Unión Europea.
Para no ser menos, el británico gobierno de Toni Blair prepara
¡un despliegue de buques de guerra! en el Mediterráneo para
interceptar las frágiles barcas de los inmigrantes sin permisos,
así como el uso de aviones militares para expulsar a los inmigrantes
de países de difícil retorno (Sudán, Sri Lanka).
Además, la Unión Europea ha decidido acordonar policialmente
los aeropuertos de su territorio contra la inmigración indocumentada.
El 21 y 22 de junio, una cumbre en Sevilla cerrará el período
de presidencia española de la UE y se han anunciado medidas para
afrontar la inmigración, es de temer que en la línea del
'endurecimiento' en boga. Aznar, presidente de turno de la UE, ha declarado
que 'hay que lograr que caigan las máscaras de la hipocresía
que entorpecen la adopción de medidas para regular el flujo de
inmigrantes'. Llama hipocresía a considerar ciudadanos y sujetos
de derechos a los inmigrantes, por muy indocumentados que sean. El italiano
Umberto Bossi se ha quitado otra máscara y ha declarado que 'aquí
hay que emplear la fuerza; de otro modo llegarán las hordas de
extracomunitarios para imponernos sus reglas y su religión'.
Los atemorizados líderes europeos hacen suyo y bueno el discurso
de Le Pen, Fortuyn y demás fascistas camuflados de la UE en lugar
de apostar por los derechos humanos, la democracia y una visión
amplia de futuro para Europa. ¿Qué más da, entonces,
que gobierne un racista confeso o un xenófobo de hecho? Por lo
visto, solo se trata de conservar el poder como privilegio, al precio
que sea.
Olvidan los temerosos líderes europeos que España, por ejemplo,
ha alcanzado el déficit presupuestario cero gracias a los impuestos
y cotizaciones a la Seguridad Social de los inmigrantes, tal como reconoce
la OCDE, nada sospechosa de ser una ONG solidaria. Y olvidan también
que la Unión Europea, en imparable proceso de envejecimiento, necesita
millones de inmigrantes cada año para rejuvenecer el continente
y que los futuros jubilados cobren su pensión.
Aznar asegura que en Sevilla se tomarán medidas para 'desincentivar
la inmigración ilegal': más policía y más
cierre de fronteras. Por su parte, Jacques Chirac entiende que hay que
'ayudar a los países en desarrollo en la creación de trabajo
y empleo para evitar la inmigración'. No sabemos si Chirac se cree
lo que dice y hasta donde está dispuesto a cumplirlo, pero ese
sería un principio adecuado para hacer frente a la inmigración
indocumentada. Sin embargo, según el profesor de la Universidad
de París, Sami Naïr, el espíritu de la Unión
Europea está muy lejos de ser el de la cooperación solidaria
porque la política europea está en el estadio de las relaciones
comerciales prepotentes. Es más, Naïr afirma en 'Las heridas
abiertas' (Madrid. 2002) que 'los Acuerdos de Barcelona han demostrado
ser una jugosa operación comercial de la UE para abrir los mercados
de los países del Sur a sus productos y que esos países
sean más dependientes de una financiación que tarda en llegar
y de unas inversiones ilusorias'. Por ahora, en le UE brilla por su ausencia
la voluntad política de cooperación solidaria; de invertir
y crear puestos de trabajo en los países cuyas gentes emigran.
En la UE hay trece millones de inmigrantes con la documentación
exigida y unos tres millones más sin ella. Pero continuarán
llegando indocumentados, por más destructores y fragatas que despliegue
el señor Blair, por más que acordonen los aeropuertos y
por más que endurezcan las leyes y los expulsen. Los pobres sin
futuro buscarán desesperadamente horizontes donde sea y uno de
esos horizontes es la prospera y despilfarradora Europa. La UE tiene ahora
una ocasión de oro para elaborar una auténtica política
de inmigración que merezca tal nombre y no sea una directiva policial
y xenófoba. O Europa se convertirá en una fortaleza envejecida
y decadente.
*Periodista
Centro de Colaboraciones Solidarias
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