Lo mínimo
que puede decirse de C. Gustav Jung es que ha sido uno de los axis
mundi del siglo XX. Por axis mundi se entiende, en la literatura que
estudia el fenómeno religioso, el árbol o el eje alrededor
del cual gira el mundo -o incluso el Universo-. Utilizamos esta expresión
para hablar de Jung porque este autor ha sido uno de los más
notables representantes del siglo XX de la recuperación de
la importancia del mundo anímico, de la significación
de lo espiritual, de la religión y el simbolismo para el ser
humano. Pero la importancia de Jung no ha sido sólo el reivindicar
a grito pelado la validez y necesidad de atender este mundo invisible
de símbolos y significados, sino que sobretodo condujo su labor
sin abandonar una perspectiva científica, que ha sido la visión
dominante del mundo occidental durante los últimos siglos.
Así pues, sin convertirse en un outsider o en un rebelde sin
causa, Jung logró que importantes sectores de la intelligentsia
científica y cultural de la época aceptaran la revalorización
de lo espiritual desde el mismo epicentro de la visión del
mundo que había desplazado su validez: el científico.
Jung nació en Suiza a finales del s. XIX. Siendo un estudiante
más o menos desastroso, encontró su vocación
repentinamente al escoger sus estudios universitarios: optó
por la psiquiatría, rama de reciente creación y que
se anunciaba en los folletos universitarios como el oficio del 'médico
que cura el alma enferma'. Terminó sus estudios con uno de
los grados más altos de su promoción, y pronto entabló
contacto con el 'padre' de la psicología: S. Freud. La relación
de Jung con Freud ha sido uno de los culebrones más estudiados
y comentados en la historia de la psicología. Si Freud representó
el descubrimiento de la mente inconsciente, de los traumas reprimidos
y las obsesiones sexuales, Jung abrió paso al conocimiento
y sanación del alma por la vía de experiencias numinosas,
al descubrimiento de la dimensión espiritual y trascendente
en el ser humano. Ya de pequeño Jung había tenido de
forma espontánea experiencias religiosas -o arquetípicas-
y, según relató en su biografía, este tipo de
visiones e incursiones al mundo de los símbolos fue una constante
a lo largo de toda su vida. Así pues, ambos personajes llevaban
en sí una potente semilla que tarde o temprano, al desarrollarse
y madurar, había de acabar representando una un elemento de
discordia que separaría sus carreras. Esta ruptura se produjo
después de una crisis que atravesó Jung, con visiones
y sintomática neurótica, que dio como fruto un libro
en el que se sugería que las tesis de Freud eran equivocadas:
los problemas del hombre no eran fundamentalmente sexuales, sino religiosos.
En esa época Freud ya había nombrado a su discípulo
'mi príncipe heredero' y, curiosamente, esperaba de él
que acabara por demostrar que en cierto modo el fenómeno religioso
no era más que una neurosis sexual mal llevada... En cierta
manera puede considerarse que estos dos personajes fueron los dos
pilares sobre los que se ha edificado el corpus psicológico
del siglo XX. Freud ha pasado a la historia representando el enfoque
personal y biográfico a los problemas psicológicos,
mientras que Jung despertó el mundo de la psicología
a la problemática de la búsqueda de significado de la
existencia. Quizá la síntesis de ambas carreras la expresó
de forma sucinta y preclara el mismo Jung, al afirmar que "la
primera mitad de la vida es dominada por el objetivo de la reproducción,
mientras que la segunda mitad esta búsqueda es reemplazada
por el dar con un sentido a la vida". Pero Jung no se quedó
sólo con el aspecto de la búsqueda personal en el hombre
como indivíduo, sino que podemos considerar que su principal
interés se valió de este estudio para profundizar en
la psique de la colectividad, de una cultura, y en última instancia
de la humanidad. Si del estudio de la psique individual nació
el concepto del proceso de individuación (la persona nace,
crece y se desarrolla hasta llegar a ser ella misma -la realización
del sí-mismo-), en el campo de la psicología de culturas
Jung aportó dos de los más conocidos conceptos que llegaron
a incorporarse incluso al lenguaje popular: el inconsciente colectivo,
y los arquetipos. El primero de ellos, el inconsciente colectivo,
apunta a una ampliación de la mente inconsciente individual,
abarcando lo que pueden llamarse símbolos de una colectividad,
procesos numinosos que acontecen en el reino de lo transcendente y
que son apercibidos por la psique de los indivíduos de una
cultura, de una sociedad. Aunque este 'proceso' no sea algo consciente
o voluntario, sí que opera a un nivel real, pues los símbolos
de la cultura se nutren de ello, crecen en este sustrato. En cuanto
al concepto de los arquetipos, vienen a ser una actualización
de lo que anteriormente se denominaron 'dioses': entidades que si
bien en un principio Jung pensó que eran la representación
de los deseos y aspiraciones de los seres humanos, más tarde
concibió como entidades autónomas que más bien
reflejaban en las sociedades humanas los principios de los reinos
arquetípicos. Otro concepto que Jung aportó al vocabulario
y concepciones del siglo XX fueron el de sincronicidad, o sea, la
conexión signifitaciva entre dos hechos que acontecen en lugares
distintos o en tiempos distintos: la premonición, la visión
anticipada, la adivinación... La lista de aportaciones que
realizó Jung a la cultura occidental, una cultura que en el
siglo XX había perdido gran parte de su conexión y comprensión
del mundo del espíritu, es infinita. Entre otras cosas el impulso
al conocimiento del I Ching, el Libro de las mutaciones chino, cuya
primera traducción rigurosa fue llevada a cabo por su amigo
R. Wilhelm; o bien su insistencia de que la astrología es una
rama del estudio de la psique humana de un gran valor y ayuda para
la psicología; también el concepto de la sombra, aquello
que uno deja sin integrar en su vida, en su psique, y que sigue operando
conduciendo nuestras vidas desde 'atrás' -desde la oscuridad-,
de una forma enfermiza, al ser esta una parte de nuestra personalidad
que se ha negado y ha sido ocultada. Aunque puede discutirse si el
análisis jungiango, aplicado strictu sensu, es la forma más
efectiva de terapia, sí que puede considerarse a Jung como
una especie de chamán -alguien que antes de convertirse en
sanador de almas, se cura primero a sí mismo-, y sobretodo
como un hombre que aportó para la cultura occidental materialista
una gran puerta abierta para reconsiderar el lenguaje del espíritu,
del que todos estamos emergemos.
FUENTE: www.biografiasyvidas.com .
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