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SINCRONICIDAD
VS. CAUSALIDAD.
C.G.JUNG
Prólogo de
C. G. Jung, para "I CHING". El libro de las mutaciones. Versión
traducida por Richard Wilhelm.
Puesto que no soy
sinólogo, una presentación del Libro de las Mutaciones escrita
por mí habrá de constituir un testimonio de mi experiencia
personal con este libro grande y singular. Se me brinda así, además,
una grata oportunidad para rendir homenaje una vez más a la memoria
de mi desaparecido amigo Richard Wilhelm. Él mismo tenía
honda conciencia de la importancia cultural de su traducción del
Yi Ching, versión sin igual en Occidente.
Si el significado del Libro de las Mutaciones fuese fácil de aprehender,
la obra no requeriría ningún prólogo. Pero sin lugar
a dudas no es este el caso, ya que hay tantas cosas que se presentan oscuras
en torno de él, que los estudiosos occidentales tendieron a desecharlo,
considerándolo un conjunto de "fórmulas mágicas"
o bien demasiado abstrusas como para ser inteligibles, o bien carentes
de todo valor. La traducción de Legge del Yi Ching, única
versión disponible hasta ahora en inglés, contribuyó
poco para hacer accesible la obra a la mentalidad occidental. Wilhelm,
en cambio, hizo el máximo esfuerzo para allanar el camino hacia
la comprensión del texto. Estaba en condiciones de hacerlo, dado
que él mismo había aprendido la filosofía y el uso
del Yi Ching con el venerable sabio Lao Nai Hsuan; además, durante
un período de muchos años había puesto en práctica
la singular técnica del oráculo. Su captación del
significado viviente del texto otorga a su versión del Yi Ching
una profundidad de perspectiva que nunca podría provenir de un
conocimiento puramente académico de la filosofía china.
Le estoy muy agradecido a Wilhelm por la luz que él aportó
a la comprensión del complicado problema del Yi Ching, y asimismo
por facilitar una profunda introvisión en lo que respecta a su
aplicación práctica. A lo largo de más de treinta
años me he interesado por esta técnica oracular o método
de exploración del inconsciente, ya que me parecía de insólita
significación. Ya estaba bastante familiarizado con el Yi Ching
cuando por primera vez me encontré con Wilhelm a comienzos de la
década del veinte; me confirmó entonces lo que yo ya sabía
y me enseñó muchas cosas más.
No conozco el idioma chino ni he estado nunca en China. Puedo asegurar
al lector que no es en modo alguno fácil hallar la correcta vía
de acceso a este monumento del pensamiento chino, que se aparta de manera
tan completa de nuestros modos de pensar. A fin de entender qué
significa semejante libro es imperioso dejar de lado ciertos prejuicios
de la mente occidental. Es un hecho curioso que un pueblo tan bien dotado
e inteligente como el chino no haya desarrollado nunca lo que nosotros
llamamos ciencia. Pero sucede que nuestra ciencia se basa sobre el principio
de causalidad, y se considera que la causalidad es una verdad axiomática.
No obstante, se está produciendo un gran cambio de nuestro punto
de vista. Lo que no consiguió la Crítica de la razón
pura de Kant lo está logrando la física moderna. Los axiomas
de la causalidad se están conmoviendo hasta sus cimientos: sabemos
ahora que lo que llamamos leyes naturales son verdades meramente estadísticas
que deben por lo tanto, necesariamente, dejar margen a las excepciones.
Todavía no hemos tomado lo bastante en cuenta el hecho de que necesitamos
del laboratorio, con sus incisivas restricciones, a fin de demostrar la
invariable validez de las leyes naturales. Si dejamos las cosas a merced
de la naturaleza, vemos un cuadro muy diferente: cada proceso se ve interferido
en forma parcial o total por el azar, hasta el punto que, en circunstancias
naturales, una secuencia de hechos que se ajuste de manera absoluta a
leyes específicas constituye casi una excepción.
La mente china, tal como yo la veo obrar en el Yi Ching, parece preocuparse
exclusivamente por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros
llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de
esta mente peculiar, y aquello que reverenciamos como causalidad casi
no se toma en cuenta. Hemos de admitir que hay bastante que decir sobre
la inmensa importancia del azar. Un incalculable caudal de esfuerzos humanos
está orientado a combatir y restringir los prejuicios o peligros
que entraña el azar. Las consideraciones teóricas sobre
causa y efecto a menudo resultan desvaídas e imprecisas en comparación
con los resultados prácticos del azar. Está muy bien decir
que el cristal de cuarzo es un prisma hexagonal. La afirmación
es correcta en la medida en que se tenga en cuenta un cristal ideal. Sin
embargo, en la naturaleza no se encuentran dos cristales exactamente iguales,
pese a que todos son inequívocamente hexagonales. La forma real,
empero, parece interesar más al sabio chino que la forma ideal.
La abigarrada trama de leyes naturales que constituye la realidad empírica
posee para él mayor significación que una explicación
causal de los hechos, los que por otra parte deben usualmente ser separados
unos de otros a fin de tratarlos en forma adecuada.
La manera en que el Yi Ching tiende a contemplar la realidad parece desaprobar
nuestros procedimientos causalistas. El momento concretamente observado
se presenta a la antigua visión china más bien como un acaecimiento
fortuito que como el resultado claramente definido de procesos en cadena
concurrentes y causales. La cuestión que interesa parece ser la
configuración formada por los hechos casuales en el momento de
la observación, y de ningún modo las razones hipotéticas
que aparentemente justifican la coincidencia. En tanto que, cuidadosamente,
la mente occidental tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, la representación
china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo
y absurdo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado.
Ocurre así que cuando se arroja las tres monedas o se cuentan los
cuarenta y nueve tallos, estos pormenores casuales entran en la representación
del momento de la observación y constituye una parte de él,
una parte que, aunque sea insignificante para nosotros, es sumamente significativa
para la mentalidad china. Para nosotros sería un aserto banal y
casi exento de sentido (por lo menos a primera vista) decir que todo lo
que ocurre en un momento dado posee inevitablemente la calidad peculiar
de ese momento. Esto no constituye un argumento abstracto, sino un argumento
realmente práctico. Existen conocedores capaces de determinar sólo
por el aspecto, el gusto y el comportamiento de un vino, el año
de su origen y la ubicación del viñedo. Existen anticuarios
capaces de indicar con exactitud casi asmosa la fecha, el lugar de origen
y el creador de un objet d"art o de un mueble, sólo con mirarlo.
Y hasta existen astrólogos que pueden decirnos, sin ningún
conocimiento previo de nuestro natalicio, cuál era la posición
del sol y de la luna y qué signo del zodíaco ascendía
sobre el horizonte en el momento de nuestro nacimiento. Frente a tales
hechos es preciso admitir que los momentos pueden dejar huellas perdurables.
En otras palabras, quienquiera haya inventado el Yi Ching, estaba convencido
de que el hexagrama obtenido en un momento dterminado coincidía
con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal.
Para él el hexagrama era el exponente del momento en que se lo
extraía -más aún de lo que podrían serlo las
horas señaladas por el reloj o las divisiones del calendario- por
cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación
esencial que prevalecía en el momento en que se originaba.
Este supuesto implica cierto curioso principio al que he denominado sincronicidad,
un concepto que configura un punto de vista diametralmente opuesto al
de causalidad. Dado que esta última es una verdad meramente estadística
y no absoluta, constituye una suerte de hipótesis de trabajo acerca
de la forma en que los hechos se desarrolan uno a partir de otro, en tanto
que la sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el
espacio y en el tiempo significan algo más que un mero azar, vale
decir, una peculiar interdependencia de hechos objetivos, tanto entre
sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos)
del observador o los observadores.
La antigua mentalidad china contempla el cosmos de un modo comparable
al del físico moderno, quien no puede negar que su modelo del mundo
es una estructura decididamente psicofísica. El hecho microfísico
incluye al observador exactamente como la realidad subyacente del Yi Ching
comprende las condiciones subjetivas, es decir, psíquicas, de la
totalidad de la situación del momento. Exactamente como la causalidad
describe la secuencia de los hechos, para la mentalidad china la sincronicidad
trata de la coincidencia de los hechos. El punto de vista causal nos relata
una dramática historia sobre la manera en que D llegó a
la existencia: se originó en C, que existía antes que D,
y C a su vez tuvo un padre, B, etc. Por su parte, el punto de vista sincronístico
trata de producir una representación igualmente significativa de
la coincidencia. ¿Cómo es que A, B, C, D, etc., aparecen
todos en el mismo momento y en el mismo lugar? Ello ocurre antes que nada
porque los hechos físicos A y B son de la misma índole que
los hechos psíquicos C y D, y además porque todos son exponentes
de una única e idéntica situación momentánea.
Se da por supuesto que la situación constituye una figura legible
o comprensible.
Ahora bien, los sesenta y cuatro hexagramas de Yi Ching son el instrumento
mediante el cual puede determinarse el significado de sesenta y cuatro
situaciones diferentes, y por otra parte típicas. Estas interpretaciones
equivalen a explicaciones causales. La conexión causal es estadísticamente
necesaria y puede por lo tanto ser sometida al experimento. Como las situaciones
son únicas y no pueden repetirse, parece imposible experimentar
con la sincronicida en situaciones corrientes.
En el Yi Ching, el único criterio de validez de la sincronicidad
es la opinión del observador según la cual el texto del
hexagrama equivale a una versión fiel de su estado psíquico.
Se supone que la caída de las monedas o el resultado de la división
del manojo de tallos de milenrama es lo que necesariamente debe ser en
una "situación" dada, puesto que cualquier cosa que ocurra
en ese momento pertenece a éste como parte indispensable del cuadro.
Si se arroja al suelo un puñado de fósforos,ellos forma
la figura prototípica característica de ese momento. Pero
una verdad tan obvia como ésta sólo revela su carácter
significativo si es posible leer la figura prototípica y verificar
su interpretación, en parte mediante el conocimiento que el observador
tiene de la situación subjetiva y objetiva, y en parte a través
del carácter de los hechos ulteriores . Obviamente este no es un
procedimiento capaz de hallar eco en una mente crítica, habituada
a la verificación experimental de los hechos o a la evidencia fáctica.
Pero para alguien que se complace en contemplar el mundo desde el ángulo
en que lo veía la antigua China, el Yi Ching puede ofrecer cierto
atractivo.
Por supuesto, la argumentación que acabo de exponer jamás
halló cabida en una mente china. Por el contrario, conforme a la
antigua tradición, se trata de "agentes espirituales"
que actuando de un modo misterioso hacen que los tallos de milenrama den
una respuesta significativa. Estas potencias constituyen, por así
decirlo, el alma viviente del libro. Éste es, así, una suerte
de ente animado, y en consecuencia la tradición llega a afirmar
sin más que uno puede hacerle preguntas al Yi Ching y aguardar
respuestas inteligentes. Se me ocurrió, por lo tanto, que al lector
no iniciado podría interesarle ver al Yi Ching operando. Con ese
propósito realicé un experimento acorde con la concepción
china: en cierto modo personifiqué al libro, solicitando su criterio
sobre su situación actual, o sea sobre mi intención de presentarlo
a la mentalidad de Occidente.
Si bien este procedimiento encuadra perfectamente en las premisas de la
filosofía taoísta, a nosotros se nos antoja por demás
extravagante. Sin embargo, a mí nunca me ha escandalizado ni siquiera
lo insólito de los delirios demenciales o de las supersticiones
primitivas. Siempre he tratado de mantenerme desprejuiciado y curioso:
rerum novarum cupidus. ¿Por qué no osar un diálogo
con un antiguo libro que alega ser un ente animado? No puede haber daño
alguno en ello, y el lector puede así observar un procedimiento
psicológico que ha sido puesto en práctica infinitas veces
a lo largo de los milenios de la civilización china, y que representó
para hombres de la talla de un Confucio o un Lao Tse una suprema expresión
de autoridad espiritual, tanto como un enigma filosófico. Utilicé
el método de las monedas, y la respuesta obtenida fue el hexagrama
50, Ting, El Caldero.
De acuerdo con la manera en que estaba construida mi pregunta, debe entenderse
el texto del hexagrama como si el Yi Ching mismo fuese la persona que
habla. De modo que se describe a sí mismo como un caldero, es decir,
una vasija ritual que contiene comida cocida. Aquí la comida debe
entenderse como alimento espiritual. Al respecto dice Wilhelm:
"El caldero, como utensilio perteneciente a una civilización
refinada, sugiere el cuidado y la alimentación de hombres capaces,
lo que redunda en beneficio del Estado
Vemos aquí a la cultura
en el punto en que alcanza su cumbre en la religión. El caldero
sirve para ofrendar el sacrificio a Dios
La suprema revelación
de Dios aparece en los profetas y en los santos. Venerarlos, es auténtica
veneración de Dios. La voluntad de Dios, tal como se revela a través
de ellos, debe ser aceptada con humildad."
Ateniéndonos a nuestra hipótesis debemos concluir que aquí
el Yi Ching está dando testimonios acerca de sí mismo.
Cuando alguna de las líneas de un hexagrama dado tiene el valor
de seis o nueve, ello significa que se la acentúa especialmente,
y que por lo tanto tiene importancia para la interpretación. En
mi hexagrama los "agentes espirituales" han dado el acento de
9 a las líneas que ocupan el 2 y 3 puestos. El texto reza:
Nueve en el segundo puesto significa:
En el Caldero hay alimento.
Mis compañeros sienten envidia,
Pero no pueden nada contra mí.
¡Ventura!
Así, el Yi Ching dice de sí mismo: "Contengo alimento
(espiritual)". Puesto que el participar en algo grande siempre despierta
envidia, el coro de los envidosos es parte del cuadro. Los envidiosos
quieren despojar al Yi Ching de su gran posesión, es decir tratan
de despojarlo de significado o de destruir su significado. Pero su enemistad
es en vano. La riqueza de significado del Yi Ching está asegurada;
es decir, está convencido de sus logros positivos, que nadie puede
arrebatarle. El texto continúa:
Nueve en el tercer puesto significa:
El asa del Caldero está alterada.
Uno está trabado en su andanza por la vida.
La grasa del faisán no se come.
Sólo al caer la lluvia se agotará el arrepentimiento.
Finalmente llega la ventura.
El asa (en alemán
Griff) es la parte por la cual puede asirse (gegriffen) el ting. Significa
por lo tanto el concepto (Begriff) que uno tiene del Yi Ching (el ting).
En el decurso del tiempo este concepto aparentemente ha cambiado, de modo
que hoy ya no podemos asir, aprehender (begreifen) el Yi Ching. Por lo
tanto uno está trabado en su andanza por la vida. Ya no estamos
sustentados por el sabio consejo y la profunda introvisión del
oráculo; por ello ya no encontramos nuestro rumbo a través
de las intrincadas sendas del destino y las tinieblas de nuestra propia
naturaleza. La grasa del faisán, es decir la parte mejor y más
preciada de un buen plato, ya no se come. Pero cuando al fin la tierra
sedienta recibe nuevamente la lluvia, es decir, cuando ese estado de necesidad
ha sido superado, el "arrepentimiento", es decir, el pesar por
la pérdida de la sabiduría, cesa, y llega entonces la oportunidad
largamente anhelada. Wilhelm comenta: "Esta es la descripción
de un hombre que en medio de una cultura altamente evolucionada se encuentra
en un lugar en el que nadie repara en él ni lo reconoce. Este es
un serio obstáculo para su eficacia". El Yi Ching se queja,
por así decirlo, de que sus excelentes cualidades no sean reconocidas
y por lo tanto permanezcan improductivas. Se conforma con la esperanza
de que se halla próximo a recuperar el público reconocimiento.
La respuesta dada, en estas dos líneas destacadas, a la pregunta
que yo formulé al Yi Ching, no requiere ninguna particular sutileza
interpretativa, ni artificios, ni conocimientos inusuales. Cualquiera
que posea un poco de sentido común puede comprender el significado
de la respuesta. Es la respuesta de alguien que tiene una buena opinión
de sí mismo, pero cuyo valor no es generalmente reconocido, ni
siquiera ampliamente conocido. El sujeto que responde tiene un concepto
interesante acerca de sí mismo: se ve a sí mismo como una
vasija en la que se brinda a los dioses las ofrendas sacrificiales, el
alimento ritual para nutrirlos. Se concibe a sí mismo como un utensilio
de culto destinado a proveer alimento espiritual a los elementos o fuerzas
inconscientes ("agentes espirituales") que han sido proyectados
como dioses -en otras palabras, destinado a prestar a esas fuerzas la
atención que necesitan a fin de desempeñar su papel en la
vida del individuo. En verdad, este es el significado primero de la palabra
religio: una cuidadosa observancia y consideración (de relegere)
de lo numinoso.
El método del Yi Ching, en verdad, toma en consideración
la oculta calidad individual de cosas y hombres, así como también
de nuestra propia mismidad inconsciente. Interrogué al Yi Ching
como se interroga a una persona a la que nos disponemos a presentar a
nuestros amigos: uno pregunta si ello le resultará agradable o
no. En respuesta, el Yi Ching me habla de su significación religiosa,
del hecho de que en la actualidad se lo desconoce y se lo maljuzga, de
su esperanza de que se lo restituya a un puesto de honor -esto último,
obviamente, con una mirada de reojo a mi aún no escrito prólogo,
y sobre todo a la versión inglesa. Ésta parece ser una reacción
perfectamente comprensible, tal como la que podría esperarse también
de una en situación similar.
¿Pero cómo vino a surgir esta reacción? En virtud
de arrojar yo al aire tres pequeñas monedas, dejándolas
caer, rodar y detenerse en posición de cara o ceca, según
fuera el caso. Este curioso hecho, que una reacción que tiene sentido
surja de una técnica que en apariencia excluye de entrada todo
sentido, constituye la gran realización del Yi Ching. El ejemplo
que acabo d dar no es único; las respuestas plenas de sentido constituyen
la regla. Tanto sinólogos occidentales como distinguidos eruditos
chinos se tomaron la molestia de informarse que el Yi Ching es una colección
de "formulas mágicas" obsoletas. En el transcurso de
esas conversaciones mi informante admitía a veces que había
consultado el oráculo por intermedio de un adivino, por lo general
un sacerdote taoísta. No podía tratarse de otra cosa sino
de "puras tonterías", claro está. Pero, y es bastante
curioso, la respuesta recibida coincidía, al parecer, de un modo
notablemente acertado, con el punto sensible psicológico del consultante.
Estoy de acuerdo con el pensamiento occidental en que era posible que
existiese cualquier número de respuestas a mi pregunta, y por cierto
no puedo afirmar que otra respuesta no hubiera sido igualmente significativa.
Sin embargo, la respuesta recibida fue la primera y la única; nada
sabemos sobre otras posibles respuestas. A mí me agradó
y me satisfizo. Plantear la misma pregunta por segunda vez hubiera sido
una falta de tacto, de modo que no lo hice: "el maestro sólo
habla una vez". El burdo enfoque pedagógico que pretende encuadrar
los fenómenos irracionales dentro de un molde racional preconcebido,
es para mí una blasfemia. En verdad, cosas tales como esta pregunta
deben permanecer como eran cuando por primera vez surgieron a la luz,
porque sólo así llegamos a saber qué hace la naturaleza
cuando se la deja actuar por su cuenta, sin que se vea perturbada por
la intromisión del hombre. No debiéramos recurrir a los
cadáveres para estudiar la vida. Por lo demás, la repetición
del experimento es imposible, por la simple razón de que no se
puede reconstruir la situación original. Por lo tanto, en cada
caso sólo hay una primera y única respuesta.
Pero volvamos al hexagrama: no hay nada extraño en el hecho de
que todo el texto del hexagrama Ting, El Caldero, amplíe los temas
ya anunciados por las dos líneas salientes.
La primera línea del hexagrama dice:
Un Caldero con las
patas tumbadas.
Propicio para la eliminación de lo estancado.
Uno toma una concubina por amor al hijo de ella.
No hay tacha.
Un caldero cabeza
abajo no se halla en uso. Por lo tanto el Yi Ching es como un caldero
fuera de uso. Darlo vuelta sirve para eliminar lo estancado, como lo expresa
la línea. Del mismo modo que un hombre toma una concubina cuando
su mujer no tiene un hijo, así se recurre al Yi Ching cuando no
se entrevé otra salida. Pese al status cuasi legal de la concubina
entre los chinos, en realidad tal institución no constituye más
que un recurso poco elevado; y así también el procedimiento
mágico del oráculo es un expediente que puede utilizarse
para fines elevados. No hay tacha, pero se trata de un recurso excepcional.
La segunda y tercera líneas ya han sido consideradas. La cuarta
línea dice:
Al Caldero se le rompen
las patas.
La comida del príncipe se derrama
Y queda mancillada su imagen.
Desventura.
Aquí el Caldero
ha sido puesto en uso, pero evidentemente de una manera muy desmañada,
es decir, se ha abusado del oráculo o se lo ha malinterpretado.
De este modo el alimento divino se pierde y uno se expone a la verguenza.
Legge traduce como sigue: "Al sujeto en cuestión lo harán
ruborizarse de verguenza." Abusar de un utensilio de culto como el
ting (es decir el Yi Ching) es una crasa profanación. Evidentemente
aquí el Yi Ching insiste en proclamar su dignidad de vasija ritual
y se opone a ser usado para fines profanos.
La quinta línea dice:
El ting tiene asas
amarillas, argollas de oro.
Es propicia la perseverancia.
El Yi Ching, según
parece, se ha encontrado con una nueva y correcta (amarilla) comprensión,
es decir, con un nuevo concepto (Begriff) mediante el cual puede ser aprehendido.
Este concepto es valioso (de oro). Existe, en efecto, una nueva edición
en inglés, que torna el libro más accesible que antes para
el mundo occidental.
La sexta línea dice:
El Caldero tiene argollas
de jade.
Gran ventura.
Nada que no sea propicio.
El jade se distingue
por su belleza y su suave resplandor.
Si las argollas son de jade, toda la vasija acrecienta su belleza, honor
y valor. Aquí el Yi Ching se expresa como si se sintiera no sólo
satisfecho sino por cierto muy optimista. Sólo cabe aguardar los
hechos ulteriores y entretanto contentarse con la grata conclusión
de que el Yi Ching aprueba la nueva edición.
He mostrado en este ejemplo, lo más objetivamente que pude, cómo
procede el oráculo en un caso dado. Naturalmente el procedimiento
varía un poco según la manera en que se le formule la pregunta.
Por ejemplo, si una persona se halla en una situación confusa,
él mismo puede aparecer en el oráculo como el que habla.
O si la pregunta concierne a una relación con otra persona, ésta
puede aparecer como la que habla. Sin embargo, la identidad del que habla
no depende por entero de la manera en que se construya la pregunta, dado
que nuestras relaciones con nuestros semejantes no siempre se ven determinadas
por ellos.
Muy a menudo nuestras relaciones dependen casi exclusivamente de nuestras
propias actitudes, si bien podemos no tener conciencia alguna de este
hecho. Ocurre así que si un individuo es inconsciente de su papel
en una relación, puede que ahí se esconda una sorpresa para
él; contrariamente a su expectativa, puede aparecer él mismo
como el agente principal, tal como el texto lo indica a veces en forma
inequívoca. También puede ocurrir que tomemos una situación
demasiado en serio y la consideremos de extrema importancia, en tanto
que la respuesta que obtenemos al consultar al Yi Ching dirige la atención
hacia algún otro aspecto insospechado implícito en la pregunta.
Casos como éste podrían hacer pensar, por lo pronto, que,
que el oráculo es falaz. Se dice que Confucio recibió una
sola respuesta inapropiada, a saber el hexagrama 22, Lo Agraciado, un
hexagrama que en toda su extensión tiene que con lo estético.
Esto nos recuerda el consejo dado a Sócrates por su daimon: "Tú
deberías hacer más música", a raíz de
lo cual Sócrates empezó a tocar la flauta. Confucio y Sócrates
compiten por el primer puesto en lo que se refiere a sensatez y a una
actitud pedagógica frente a la vida; pero es poco probable que
ninguno de los dos se ocupara de "conferir gracia a la barbita de
su mentón" como lo aconseja la segunda línea de ese
hexagrama. Desgraciadamente, la sensatez y la pedagogía a menudo
carecen de gracia y encanto, y así es posible que, después
de todo, el oráculo no se haya equivocado.
Volvamos una vez más a nuestro hexagrama: aunque el Yi Ching no
sólo parece estar satisfecho con su nueva edición, sino
incluso expresar un acentuado optimismo, esto aún nada predice
acerca del efecto que tendrá la edición sobre el público
al que se propone llegar. Puesto que tenemos en nuestro hexagrama dos
líneas yang destacadas por el valor numérico nueve, estamos
en condiciones de averiguar qué clase de pronóstico formula
el Yi Ching para sí mismo. Según la concepción antigua,
las líneas señaladas con un seis o un nueve poseen una tensión
interior tan grande que las lleva a transformarse en sus opuestos, es
decir, yang en yin y viceversa. Mediante este cambio obtenemos en el caso
presente el hexagrama 35, Tsin, El Progreso.
El sujeto de este hexagrama es alguien que tropieza en su ascenso con
toda suerte de vicisitudes, y el texto describe la forma en que debería
conducirse. El Yi Ching se encuentra en la misma situación: se
eleva como el sol y se da a conocer, pero es rechazado y no halla confianza:
se lo ve "progresando pero apesadumbrado". Sin embargo, "uno
obtiene gran felicidad de su antepasada". La psicología puede
ayudarnos a dilucidar este pasaje oscuro. En los sueños y en los
cuentos de hadas, la abuela, o antepasada, a menudo representa al inconsciente,
ya que éste contiene en el hombre el componente femenino de la
psiquis. Si el Yi Ching no es aceptado por la parte consciente, por lo
menos el incosciente lo acepta a medias, y el Yi Ching está más
estrechamente conectado con el inconsciente que con la actitud racional
de la conciencia. Dado que el inconsciente a menudo aparece representado
en los sueños por una figura femenina, tal puede ser la explicación
en el caso presente. La persona femenina podría ser la traductora
que ha brindado al libro sus cuidados maternales, y esto muy bien podría
parecerle al Yi Ching una "gran felicidad". El Yi Ching anticipa
la comprensión general, pero teme ser mal usado: "Progresa
como una comadreja". Pero está atento a la advertencia:"No
te tomes a pecho ganancia y pérdida". Permanece libre de "móviles
no imparciales". No se lanza contra nadie.
Por lo tanto el Yi Ching encara su futuro en el mercado librero norteamericano
con calma, y se expresa aquí tal como lo haría cualquier
persona sensata con respecto al destino de una obra tan controvertida.
Esta predicción es tan razonable y está tan llena de sentido
común, que sería dificil pensar en una respuesta más
atinada.
Todo esto ocurrió antes de haber escrito yo los párrafos
que anteceden. Al llegar a este punto quise conocer la actitud del Yi
Ching frente a la nueva situación. El estado de cosas había
sido alterado por lo que yo había escrito, en la medida en que
yo mismo había entrado ahora en escena, y por lo tanto esperaba
saber algo sobre mi propia acción. Debo confesar que mientras escribía
este prólogo no me sentí demasiado feliz, ya que como persona
con sentido de responsabilidad hacia la ciencia, no acostumbro afirmar
algo que no puedo probar o por lo menos presentar como una cosa aceptable
para la razón. Es, por cierto, una tarea problemática tratar
de presentar a un público moderno y dotado de sentido crítico,
un conjunto de arcaicas "fórmulas mágicas" con
la intención de volverlas más o menos aceptables. Emprendí
la tarea porque yo mismo pienso que hay en el antiguo modo de pensar chino
más de lo que está a la vista. Pero me resulta embarazoso
tener que apelar a la buena voluntad y a la imaginación del lector,
dado que debo introducirlo en la oscuridad de un arcaico ritual mágico.
Desgraciadamente, conozco demasiado bien los argumentos que pueden esgrimirse
en contra de él. Ni siquiera sabemos con certeza si el barco que
ha de llevarnos por sobre los mares ignotos no hace agua por algún
lado. ¿No estará corrompido el viejo texto? ¿Es correcta
la traducción de Wilhelm? ¿No nos embelesamos a nosotros
mismos con nuestras propias explicaciones?
El Yi Ching insiste de un extremo a otro de su texto en la necesidad del
conocimiento de sí mismo. El método que servirá para
lograrlo está expuesto a toda clase de abusos; de ahí que
no esté destinado a la gente inmadura y de mente frívola;
tampoco es adecuado para intelectualizantes y racionalistas. Sólo
es apropiado para gentes pensantes y reflexivas a quienes les place meditar
sobre lo que hacen y lo que les ocurre- predilección que no debe
confundirse con el morboso y rumiante cavilar del hipocondríaco.
Como he señalado más arriba, no tengo respuesta para la
multitud de problemas que surgen cuando tratamos de armonizar el oráculo
del Yi Ching con nuestros cánones científicos aceptados.
Pero, ni falta decirlo, nada "oculto" puede deducirse por raciocinio.
Mi posición en estas cuestiones es pragmática, y las grandes
disciplinas que me han enseñado la utilidad práctica de
este punto de vista son la psicoterapia y la psicología médica.
Probablemente en ningún otro campo tenemos que habérnoslas
con tantas incógnitas, y en ninguna otra parte nos acostumbramos
tanto a adoptar métodos que resultan operantes aun cuando por largo
tiempo acaso ignoremos por qué son operantes. Pueden darse curas
inesperadas ocasionadas por terapias cuestionables, e inesperados fracasos
ocasionados por métodos presuntamente seguros. En la exploración
del inconsciente nos topamos con cosas sumamente extrañas, de las
que el racionalista se aparta con horror, asegurando luego que no ha visto
nada. La plétora irracional de la vida me ha enseñado a
no descartar nada jamás, aún cuando vaya contra todas nuestras
teorías (de tan breve perduración en el mejor de los casos)
o bien no admita ninguna explicación inmediata. Esto, naturalmente,
resulta inquietante, y uno no sabe con certeza si la brújula está
apuntando bién o no; pero la seguridad, la certidumbre y la paz
no conducen a descubrimientos. Lo mismo ocurre con este método
chino de divinación. Es obvio que la finalidad del método
es el conocimiento de sí mismo, aun cuando en todas las épocas
también se lo ha usado en un sentido supersticioso.
Yo, por supuesto, estoy absolutamente convencido del valor del autoconocimiento,
pero ¿tiene algún objeto recomendar semejante introvisión
cuando los hombres más sabios a través de las edades han
predicado sin éxito su necesidad? Aun para la mirada más
prejuiciosa resulta obvio que este libro representa una larga exhortación
a una cuidadosa indagación de nuestro propio carácter, actitud
y motivaciones. Esta posición encuentra resonancia en mí
y me indujo a emprender el prólogo. Antes, en una sola ocasión
había manifestado algo en relación con el problema del Yi
Ching: fue en un discurso conmemorativo en homenaje a Richard Wilhelm.
Fuera de esto, he mantenido un discreto silencio. No es nada fácil
percibir cuál es nuestro propio camino para penetrar en una mentalidad
tan remota y misteriosa como la que subyace en el Yi Ching. No se puede
dejar de lado sin más a espíritus tan grandes como Confucio
y Lao Tse, por poco que uno sea capaz de apreciar la calidad del pensamiento
que ellos representan; mucho menos es posible pasar por alto el hecho
de que el Yi Ching constituyó para ambos su fuente principal de
inspiración. Sé que anteriormente no me hubiera atrevido
a expresarme en forma tan explícita sobre una cuestión tan
incierta. Puedo correr el riesgo porque estoy ahora en mi octava década
y las cambiantes opiniones de los hombres ya apenas me impresionan; los
pensamientos de los viejos maestros tienen para mí mayor valor
que los prejuicios filosóficos de la mente occidental.
No quiero abrumar al lector con estas consideraciones personales; pero
como ya lo señalé, a menudo nuestra propia personalidad
está implicada en la respuesta del oráculo. De hecho, al
formular mi pregunta en realidad invité al oráculo a comentar
directamente mi acción. La respuesta fue el hexagrama 29, K an,
Lo Abismal. Se da especial énfasis al tercer puesto, al acentuarse
la línea señalada con un seis. Esta línea expresa:
Adelante y atrás,
abismo sobre abismo.
En un peligro como éste, detente primero y espera,
de lo contrario caerás en un foso dentro del abismo.
No actúes así.
Anteriormente yo hubiera
aceptado de modo incondicional esta advertencia: "No actúes
así", y me hubiera negado a dar mi opinión sobre el
Yi Ching, por la simple razón de que no tenía ninguna. Pero
ahora el consejo puede servir como ejemplo del modo en que funciona el
Yi Ching. Es un hecho, si uno se pone a pensar en ello, que los problemas
que ofrece el Yi Ching representan, por cierto, "abismo sobre abismo",
e inevitablemente uno debe "detenerse primero y esperar" frente
a los peligros de una especulación exenta de restricciones y de
crítica; de otro modo uno realmente extraviará su camino
en las tinieblas. ¿Puede haber una posición intelectual
más incómoda que la de flotar en la nebulosa de posibilidades
no probadas, sin saber si lo que uno ve es verdad o ilusión? Es
esta la atmósfera cuasi onírica del Yi Ching y uno no encuentra
en ella nada de lo cual pueda fiarse, salvo el propio juicio subjetivo,
tan falible. No puedo dejar de reconocer que esta línea representa
de modo muy acertado la sensación con que escribí los párrafos
que anteceden. Igualmente apropiadas resultan las reconfortantes palabras
iniciales de este hexagrama- "Si eres sincero tendrás exito
en tu corazón"- porque indican que lo decisivo aquí
no es el peligro exterior sino la condición subjetiva; es decir,
si uno cree ser "sincero" o no.
El hexagrama compara la acción dinámica de está situación
con el comportamiento del agua en su fluir, que no siente temor ante ningún
lugar peligroso, sino que se lanza sobre los arrecifes y llena los fosos
que encuentra en su curso (K an también significa agua). Esta es
la manera en que actua "el hombre noble", que "desempeña
el oficio de enseñar".
K an es sin duda uno de los hexagramas menos agradables. Describe una
situación en la que el sujeto parece hallarse en grave peligro
de caer en toda clase de peligros. Así como al interpretar un sueño
es preciso seguir el texto de éste con la máxima exactitud,
al consultar al oráculo hay que tener presente la forma de la pregunta
planteada, ya que la misma pone un límite definido a la interpretación
de la respuesta. La primera línea del hexagrama indica la presencia
del peligro: "En el abismo uno cae en un foso". La segunda línea
hace lo mismo y luego agrega el consejo: "Uno debe esforzarse para
alcanzar sólo las cosas pequeñas". Aparentemente yo
me anticipé al consejo, al limitarme en este prólogo a una
demostración sobre la forma en que el Yi Ching funciona según
la mente china, y al renunciar al proyecto más ambicioso de escribir
un comentario psicológico sobre todo el libro.
La cuarta línea dice:
Un jarro de vino;
un cuenco de arroz por añadidura,
vasijas de barros
simplemente brindadas a través de la ventana.
No hay tacha en ello en modo alguno.
Wilhelm hace al respecto
el siguiente comentario:
"Aunque por regla
general se acostumbra que un funcionario ofrezca ciertos obsequios de
presentación y entregue recomendaciones ante de ser designado,
aquí todo está simplificado al máximo. Los obsequios
son pobres, no hay nadie que lo apadrine, uno se presenta así mismo,
y sin embargo nada de esto tiene porque resultar humillante, con tal que
exista la intención honesta de ayudarse mutuamente en el peligro."
Parecería que
el libro fuese en alguna medida el sujeto de está línea.
La quinta línea continúa el tema de la limitación.
Si estudiamos la naturaleza del agua, veremos que ésta llena una
cavidad sólo hasta el borde y luego la rebasa. No permanece aprisionada
allí.
El abismo no se llena
hasta desbordar,
sólo se llena hasta el borde.
Pero si, tentados
por el peligro, y justamente a causa de la incertidumbre, insistiéramos
en convencernos a la fuerza mediante empeños especiales, tales
como complejos comentarios, etc.., sólo nos empantanaríamos
en la dificultad, que la línea "al tope" describe con
mucha precisión como un estado de atadura y prisión. Por
cierto, la última línea a menudo señala las consecuencias
que se producen cuando uno no se toma a pecho el significado del hexagrama.
En nuestro hexagrama tenemos un seis en el tercer puesto.
Esta línea yin de tensión creciente se transmuta en una
línea yang y produce así un nuevo hexagrama que muestra
una nueva posibilidad o tendencia. Tenemos ahora el hexagrama 48, Tsing,
El Pozo (de agua). De modo que la cavidad llena de agua ya no significa
peligro, sino más bien algo útil, un pozo:
Así el hombre
noble alienta a la gente en su trabajo,
Y la exhorta a ayudarse mutuamente.
La imagen de gentes
que se ayudan mutuamente parecería referirse a la reconstrucción
del pozo, ya que éste se encuentra derruido y lleno de lodo. Ni
siquiera los animales beben de él. Hay peces viviendo en el pozo
y se los puede alcanzar a tiros, pero el pozo no se utiliza para beber,
es decir para las necesidades humanas. Esta descripción recuerda
el Caldero dado vuelta y fuera de uso que ha de recibir una nueva argolla.
Este Pozo, como el Caldero, quedó limpio. Pero nadie bebe de él.
Este es el pesar de
mi corazón,
Porque uno podría sacar agua de él.
La peligrosa cavidad
llena de agua o el abismo aludían al Yi Ching, e igual lo hace
el pozo, pero éste tiene un sentido positivo: contiene las aguas
de la vida. Debe ser restituido a su uso. Sin embargo, uno no tiene un
concepto (Begriff) sobre él, ni utensilio alguno para extraer el
agua; el cántaro está roto y se pierde. El Caldero necesita
nuevas asas y argollas para que se lo pueda asir, y así también
El Pozo debe volver a revocarse por que contiene "un manantial claro
y fresco del que se puede beber". Se puede sacar agua de él
por que es "digno de confianza".
Está claro que en este pronóstico el sujeto que habla es
nuevamente el Yi Ching, que se representa a sí mismo como un manantial
de agua viviente. El hexagrama anterior describía en detalle el
peligro que amenaza a la persona que accidentalmente cae dentro del foso
en el abismo. Debe empeñarse en encontrar la forma de salir, para
descubrir entonces que se trata de un viejo pozo en ruinas, enterrado
en el lodo, pero que puede ser restituído a su uso.
Sometí dos preguntas al método de azar representado por
el oráculo de las monedas; la segunda de ellas, después
de haber escrito mi análisis de la respuesta a la primera. La primera
pregunta estuvo dirgida, por así decir, al Yi Ching: ¿qué
tenía que decir sobre mi propia acción, es decir sobre la
situación en que yo era la persona actuante, la situación
descrita por el primer hexagrama que obtuve? A la primera pregunta el
Yi Ching respondió comparándose con un caldero, una vasija
ritual que requiere una renovación, una vasija que solo contaba
con una dudosa atención por parte del público. La respuesta
a la segunda pregunta fué que yo había caído en una
situación dificil, ya que el Yi Ching, representaba un foso profundo
y peligroso lleno de agua, en el que uno podía fácilmente
atascarse en el fango. Sin embargo, resultó que el foso era un
viejo pozo que solo requería ser renovado para que se lo pudiera
usar nuevamente con fines útiles.
Estos cuatro hexagramas tienen unidad temática en lo fundamental
(vasija, foso, pozo) y, en lo que concierne a su contenido intelectual,
parecen tener sentido. Si un ser humano hubiese dado tales respuestas,
yo, como psiquiatra, habría tenido que declararlo mentalmente sano,
por lo menos sobre la base del material presentado. Por cierto que no
hubiera sido capaz de descubrir ningún elemento de delirio, idiotez
o esquizofrenia en las cuatro respuestas. En vista de la extrema vejez
del Yi Ching y de su origen chino, no puedo considerar anormal su lenguaje
arcaíco, simbólico y florido. Por el contrario hubiera tenido
que felicitar a esta persona hipotética por el alcance de su percepción
de mi inexpresado estado de duda. Por otro lado cualquier persona de mente
aguda y flexible puede dar vuelta toda la cuestión y mostrar cómo
he proyectado mis contenidos subjetivos sobre el simbólismo de
los hexagramas.
Semejante crítica aunque catástrofica desde el punto de
vista de la racionalidad occidental, no afecta la función del Yi
Ching. Por el contrario, el sabio chino me diría sonriendo: "
¿No ve usted lo útil que es el Yi Ching, al hacer que usted
proyecte sobre ese abstruso simbólismo pensamientos hasta ahora
inadvertidos? Usted podía haber escrito su prólogo sin advertir
para nada la avalancha de mal entendidos que el mismo podía desencadenar".
El punto de vista chino se desentiende de la actitud que uno adopta en
cuanto al funcionamiento del oráculo. Unicamente nosotros nos sentimos
perplejos, porque tropezamos una y otra vez con nuestro prejuicio, o sea
con la noción de causalidad. La antigua sabiduría de oriente
pone el acento sobre el hecho de que el individuo inteligente entienda
sus propios pensamientos, pero no le preocupa en lo más minímo
la forma en que lo hace.
Cuanto menos piense uno en la teoría del Yi Ching, mejor dormirá.
Me parece que sobre la base de esté ejemplo un lector desprejuiciado
estará en condiciones de formarse por lo menos un criterio tentativo
sobre el modo de operar del Yi Ching. Mas no se puede esperar de una simple
introducción. Si mediante está demostración he conseguido
dilucidar la fenomenología psicológica del Yi Ching, habré
logrado mi propósito. En cuanto a las mil preguntas, dudas y críticas
que este libro singular suscita, yo no puedo contestarlas. El Yi Ching
no se ofrece acompañado de pruebas y resultados; no alardea ni
es fácil de abordar. Como si fuera una parte de la naturaleza,
espera hasta que se lo descubra. No ofrece hechos ni poder, pero para
los amantes del autoconocimiento, de la sabiduría- si los hay-
parece ser el libro indicado. Para alguno su espíritu aparecerá
tan claro como el día; para otro, umbrío como el crepúsculo;
para un tercero, oscuro como la noche.
Aquel a quien no le agrade no tiene por qué usarlo, aquel que se
oponga a él no está obligado a hallarlo verdadero.
Dejémoslo salir al mundo para beneficio de quienes sean capaces
de discernir su significación.
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