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¿Hay
Alternativa Política al Capitalismo Moderno?
La búsqueda
de alternativas políticas al capitalismo es el ejercicio preferido
de los intelectuales post modernos. Para explicar experimentos políticos
que se muestran francamente exitosos, como el de la China actual, y también
para ensayar arquitecturas que conjuren los efectos adversos del capitalismo,
generador de contradicciones e injusticias que ponen en riesgo la paz.
Se quiere hallar la fórmula que, a un tiempo, preserve la eficiencia
productiva del capitalismo y rescate el contenido humanístico del
socialismo.
Vale, entonces, preguntarse cuáles son esas alternativas. ¿Lo
es el modelo colectivista que se aplicó durante siete décadas
con el patrocinio de Rusia y se replicó en el oriente de Europa?
¿Es el modelo chino de la Revolución Cultural, con sus fronteras
clausuradas y su dogma político impuesto como artículo de
fe? ¿O la Revolución Cubana, que tras gobernar casi medio
siglo no logró salir del aislamiento que le fue impuesto ni exportar
el modelo a otros lugares?
Hoy, cuando la feligresía comunista discute si el megaexperimento
soviético se suicidó o fue muerto por su contendor, cuando
los partidos y los intelectuales de izquierda revisan sus postulaciones
e intentan adaptarlas a un mundo que no consiente el aislamiento, conviene
examinar estas cuestiones.
El capitalismo y el socialismo fueron las grandes opciones. De las dos
gigantescas potencias que encarnaban esas opciones hoy subsiste una. Los
Estados Unidos capitanean al mundo por ser la economía más
grande, por concentrar la mayor cantidad de medios financieros, por controlar
los recursos energéticos y tecnológicos, por haber extendido
su influencia a casi todas las regiones del mundo, por tener un poder
militar y una capacidad de desplazamiento fenomenal.
Las alternativas que se buscan quieren, unas, abolir sin más la
hegemonía norteamericana; otras, corregir o atenuar los efectos
perniciosos del capitalismo moderno, tales como la extensión y
profundización de la pobreza y de la violencia en tantos lugares
del mundo.
¿Hay un catálogo de opciones políticas a la manera
del siglo que culminó, donde conservadores, liberales, anarquistas,
socialistas y hasta hippies y nuevaoleros ofertaban sus parabienes a los
grupos sociales, a las naciones, al mundo entero? ¿Aún subsisten,
tienen algún andamiento las diversas formas de progresismo que
se predicaron a lo largo de un siglo? ¿O estamos habitando un tiempo
árido en el que, en efecto, se ha inhumado a la historia?
Me pregunto si la unipolaridad actual puede evolucionar hacia un escenario
internacional en el que el poder y los medios estén distribuidos
con mayor equidad. La cuestión es pertinente en el contexto de
estas reflexiones, porque ningún rediseño del poder podrá
prescindir de un sustento ideológico. Cuál será ese
sustento no es posible predecirlo, pero sospecho que habrá rediseño
y habrá una nueva arquitectura ideológica que, al tiempo
que validará a los nuevos socios del poder, servirá de sustento
para que otros partidos irrumpan en la escena.
Cuesta creer que las proposiciones del utopismo socialista tengan andamiento
en el país global que habitamos los hombres de este tiempo. Esas
construcciones merecen un lugar en la historia del pensamiento político,
también un análisis objetivo y hondo de su experimentación
y puesta en práctica. La sociedad sin Estado es impensable en las
actuales condiciones de militarización, el falansterio se diluye
en medio de la globalización creciente, el asistencialismo no responde
al tamaño de las desventuras sociales de este tiempo. El cooperativismo
y el mutualismo ya han dado todo de sí, pero no podrán desarrollarse
más sin sufrir los embates del capital reconcentrado. Y el marxismo-leninismo
ya dijo cuanto tenía que decir, con los resultados conocidos.
Quizá un nuevo pensamiento sociosolidario surja de las entrañas
del propio capitalismo, pero sin proponerse destruirlo esta vez. Quizá
ese nuevo pensamiento sea la piedra basal sobre la que se edifique un
modelo de sociedad que pueda conjurar la pobreza y la violencia en el
mundo.
¿Que esto es una utopía? Exactamente. Como también
fueron utopías la democracia, que habiendo transitado la historia
desde la Atenas de los filósofos hasta nuestros días, no
ha abandonado la adolescencia todavía; o el socialismo científico,
que disputó el poder en el mundo durante la mayor parte del siglo
XX; o el propio capitalismo, que hoy gobierna al mundo y que resultaba
impensable en los tiempos previos a la Revolución Industrial. Más
utopías nutrieron la vida de los hombres y la historia de los pueblos.
Y hoy, mirándolas desde su dilución en la realidad, ya no
nos sorprenden.
Conviene dejar abiertas las preguntas que nos formulamos más arriba.
Conviene alentar esas inquisiciones antes que buscarle respuestas. Pero
con la advertencia de que sólo formulando la pregunta correcta
hallaremos la respuesta adecuada. Porque la pregunta siempre está
preñada de su respuesta.
Eduardo Dermardirossian
Escritor argentino
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