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20
de agosto de 2001
La vieja censura ante el reto de Internet
Esther Navío*
A lo largo
de la historia, el desarrollo de cada nuevo medio de difusión e
intercambio de ideas, ha discurrido casi de forma paralela al de los distintos
mecanismos de censura y propaganda impulsados por las elites políticas
y religiosas de cada país. Y los empeños en controlar los
nuevos flujos de información han sido mayores y más sofisticados
según aumentaba la repercusión socio-cultural del nuevo
medio. Internet, que recoge y multiplica las posibilidades de los medios
de comunicación anteriores, tampoco podía escapar a las
ansias represoras de las autoridades del siglo XXI. Así lo señalan
dos informes publicados este año: "Los enemigos de Internet",
de Reporteros Sin Fronteras, que menciona en sus páginas hasta
59 países donde se realiza censura en Internet, y "Censor
dot gov", de la organización norteamericana pro derechos humanos
Freedom House.
Los mecanismos de control de Internet son muy variados. El escaso desarrollo
o mal estado de las infraestructuras de la comunicación (con el
consecuente encarecimiento de estos servicios) es la forma más
contundente de excluir al 97% de la población mundial de Internet.
El control de los servidores, mediante monopolio estatal o a través
del manejo de los privados por parte de instancias próximas a las
elites gobernantes (parientes, miembros del partido único...) es
una práctica habitual en 45 países, que permite a sus élites
bloquear páginas "indeseables", filtrar determinadas
informaciones de la red e interceptar mensajes privados de correo electrónico.
Algunas de las páginas más bloqueadas son aquellas de contenidos
políticos contrarios a los gubernamentales, denuncia de violaciones
de los Derechos Humanos o de corrupciones políticas, noticias procedentes
del extranjero o enlaces a estas páginas perseguidas... con la
excusa de que amenazan los valores esenciales del país. La aprobación
de leyes sobre Internet es otra forma de intentar controlar sus contenidos.
En la actualidad 13 países poseen una ley de cibercrimen, aunque
hay otros muchos que estudian aprobarla. Alemania, Francia, Suiza, Reino
Unido... han aprobado leyes que trasladan de alguna manera el sentido
de responsabilidad de la prensa a Internet y persigan las nuevas formas
de delincuencia que puede albergar la red. También han aprobado
leyes sobre la red India, Cuba y Corea del Sur, que prohíbe la
conexión con ciudadanos de Corea del Norte o China, y que tiene
encarcelados a cuatro 'ciberdisidentes'.
Los tentáculos de la censura pueden llegar a la prohibición,
control directo por parte del gobierno o cierre de los cibercafés
existentes en el país, como ha ocurrido con 420 de estos locales
en China entre junio de 1999 y febrero de 2000, y con los 400 cibercafés
clausurados en Irán el 14 de mayo 2001.
Incluso, pueden alcanzar directamente a los equipos técnicos de
las personas que deseen conectarse a la red: revisión de módems,
obligación de los internautas a inscribirse en un registro, declaración
de posesión de ordenadores, instalación de los equipos por
parte de técnicos enviados por el gobierno que conceden la clave
de acceso a los usuarios (Siria), corte de las líneas telefónicas
de los disidentes (Vietnam), mensajes amenazantes a creadores de páginas
de informaciones comprometedoras para el gobierno... En casos extremos,
el acoso puede acabar en el asesinato, como ha sucedido con Carlos Cardoso
en Mozambique o Georgiy Gongadze en Ucrania.
Los internautas buscan los resquicios que les ofrece la red para escapar
de la larga mano de la censura, de la que actúa en la red, pero
también de la que actúa en otros medios. Por ejemplo, en
Marruecos o Turquía la red ofrece sin dificultades informaciones
sobre el Frente Polisario o los kurdos, que han desaparecido de los medios
tradicionales.
Las conexiones por satélite, el traslado de informaciones censuradas
a páginas ajenas a la jurisdicción del país represor,
los foros de debate, los proveedores de correo electrónico gratuito
y el aumento de usuarios de la red son algunas formas de burlar a la censura.
Y a otras muchas expresiones de autoritarismo y represión.
Los 'fundamentalistas' del mercado pueden pretender que Internet sea el
elemento que establezca un abismo insalvable entre los ricos del norte
y el resto del mundo y contribuya a la uniformación cultural del
planeta (hoy, de 13 millones de páginas web, 73% corresponde a
Estados Unidos y 18% a Europa). Pero las increíbles posibilidades
de intercambio de conocimiento científico, técnico y cultural
que ofrece Internet, pueden servir para mostrar que existen alternativas
y dar una oportunidad de desarrollo a los países pobres.
*Periodista
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