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Los vagabundos
celestes de Internet
José Carlos García Fajardo*
Uno de los
temas estelares en el pensamiento de la aldea global es la búsqueda
de un vivir que tenga sentido, aunque la vida no lo tuviera, tal y como
respondía el escritor francés André Malraux a la
desesperanzada pregunta del General De Gaulle.
Hay cansancio de las cosmovisiones tradicionales desarraigadas de sus
orígenes misteriosos y que convocaban a una plenitud personal en
la unidad con todo. También padecen fatiga la lógica aristotélica,
el pensamiento cartesiano o el mecanicismo y las escuelas de filosofía
y de economía, fuera de su utilización como instrumentos,
de donde nunca debieron salir para erigirse en metafísicas.
La lógica paradójica, el principio de incertidumbre, la
física cuántica, la ingeniería genética y
la revolución de la biología transforman nuestro imaginario
que se conmociona con la revolución de la comunicación y
de la informática.
El analista Nicholas Negroponte habla de la contracultura que emerge del
paisaje digital. "La tecnología digital puede ser una fuerza
natural que atraiga a la gente a una mayor armonía mundial".
El sociólogo Philippe Breton subraya los puntos de conexión
entre el culto de Internet y el movimiento contracultural de los sesenta
que animó las revueltas estudiantiles. Resurge la búsqueda
de propuestas alternativas como pretendieron la beat generation o los
hippies. No han muerto del todo Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Alan Warts,
Ken Kesey, Timothy Leary, Gary Snyder o Neal Cassady.
Podemos reconocer una continuidad entre el movimiento underground e Internet,
dice Breton, en la ruptura con el mundo (drop out), los viajes iniciáticos
en un apropiado orientalismo, la vida en comunidades, profundo deseo de
igualdad y adhesión a una cultura no violenta y solidaria.
Pero en lugar de adherirse a determinada utopía revolucionaria,
que decepcionó, prefieren la utopía contracultural de tradición
libertaria que no rompió del todo con el mejor liberalismo asumiendo
el gran reto socialista no marxista, convertido en imperativo categórico.
Los vagabundos celestes de Kerouac navegan por las autopistas (on the
road) de la comunicación de un mundo que no les gusta pero de cuyos
hallazgos técnicos se sirven, naturalmente.
"El descubrimiento, por experiencia personal, de que existen otros
estados de percepción suele ser revolucionario; cambia la vida
porque cambia la visión del mundo. El descubrimiento de la relatividad
de la realidad y la existencia de estados diferentes al sueño y
al estar despierto, es la revolución intelectual del siglo; una
revolución mental comparable a la de Copérnico, pero más
importante, porque puede cambiar la vida humana y la relación entre
los hombres y la naturaleza. La realidad ya no es este estado, impuesto
como único válido por el racionalismo y la ciencia mecanicista;
la realidad es relativa: existen realidades diferentes, cualitativamente
tan distintas ente sí como el soñar y estar despiertos",
escribe el escritor Luis Racionero.
Quizás haya que reinstaurar los misterios de Eleusis para que acompañen
en el viaje hacia adentro porque ni la religión ni la psiquiatría
comprenden nada y ni siquiera tienen un lenguaje para hablar con propiedad.
Mircea Eliade, el más importante historiador de las religiones,
escribe "Estoy seguro de que las formas futuras de la experiencia
religiosa serán completamente distintas de las que ya conocemos
en el cristianismo, en el judaísmo, en el Islam, que ya están
fosilizadas, desvirtuadas, vacías de sentido. Habrá otras
expresiones. La gran sorpresa es siempre la libertad del espíritu,
su creatividad"
Si la religión es el intento de respuesta al sentido de la existencia,
es posible hablar del ocaso de las religiones fuera de niveles populares
donde alivian el fardo de la existencia, Con Chuant-tzú podremos
recordar que así como la noche empieza a mediodía, será
posible alumbrar el mundo nuevo que encierra en su seno.
*Presidente de la ONG Solidarios y Profesor de Pensamiento Político
y Social
Fuente: Centro de colaboraciones solidarias
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