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6 de julio del 2001
Revista de prensa:
Entrevista con Leonardo Boff
"Estamos en la edad de piedra de la globalización"
Juan Bedoya - El País <http://www.elpais.es>. España,
6 de julio.
"Soy un agitador cultural. Más eso que otra cosa", dijo
ayer el teólogo brasileño Leonardo Boff, de 62 años,
recién llegado de Alemania para dar una conferencia en los cursos
de verano que la Universidad Carlos III organiza en su sede de Colmenarejo,
en la sierra madrileña.
La palabra de Boff, el teólogo famoso, uno de los grandes de la
teología de la liberación, juzgado y condenado al silencio
por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, resuena
cada día con más fuerza. Como si las severas censuras de
Roma hubieran convertido su voz en un grito. Pero Boff no quiere hablar
del Vaticano, y teme que sus respuestas evasivas sobre el cardenal Joseph
Ratzinger 'se conviertan en el titular' de una entrevista irremediablemente
destinada a "reflexionar sobre la globalización".
Cuando terminó su tesis doctoral en Múnich, hace 34 años,
Leonardo Boff recibió del bolsillo de Joseph Ratzinger, entonces
un famoso teólogo alemán, la cantidad de 14.000 marcos para
que la publicase inmediatamente en libro. Eran ya dos genios del pensamiento
teológico, uno que empezaba -hoy tiene ya 70 libros traducidos
a decenas de idiomas-, el otro, Ratzinger, ya encumbrado, a punto de dar
el salto a Roma, de la mano de Juan Pablo II, que también había
estudiado teología en Múnich. "Cuando lo recuerdo,
vuelvo a sufrir", dice Boff sobre los posteriores procesos de Roma
y sus largas discusiones con el cardenal Ratzinger. "No es un dolor
de amargura, que no tengo, sino de tristeza porque la Iglesia, la obra
de Jesús, que llama al ser humano a un gran vuelo de águila,
rozaba un vuelo de gallina".
El primer proceso del Vaticano contra Boff fue en 1984 y, al principio,
el teólogo brasileño aceptó las sanciones de la jerarquía,
y el silencio. "Por humildad, una virtud cristiana", dice. Pero
más tarde, en un segundo proceso, ya en los años noventa,
se rebeló porque Roma quiso convertir aquel juicio en una condena
global de la teología latinoamericana de la liberación.
Cuando por fin le impusieron el silencio absoluto, lo echaron de la cátedra
y hasta quemaron -materialmente, aunque parezca increíble- sus
libros, Boff respondíó con la canción de Atahualpa
Yupanki: "La voz no la necesito. Sé cantar hasta con el silencio".
El relato de aquellas tribulaciones se acaba de publicar en España
en un libro del teólogo Juan José Tamayo titulado Leonardo
Boff. Ecología, mística y liberación. Boff se muestra
hoy optimista, casi utópico, imparable en la defensa de sus ideas,
y convencido de haber cambiado "no de batalla, pero sí de
trinchera", le dice a Juan José Tamayo, profesor de Teología
de la Carlos III y director del curso Aportaciones de las religiones a
una ética mundial, el tema del que hablará esta mañana
el pensador brasileño.
La globalización como "esperanza". La ética como
"condición para el nuevo orden mundial". La democracia
como "valor universal" -aquí pone los ejemplos del procesamiento
internacional de criminales como Pinochet y Milosevic-. El grito de la
tierra. El grito de los hombres. "Hay que alcanzar niveles muy altos
de barbarie para aceptar en silencio el que dos terceras partes de la
humanidad estén excluidas de la riqueza", dice Boff. Y plantea
esta "cuestión ética": "¿Cuánto
aguanta el estómago humano las injusticias, la crueldad, la exclusión,
la perversidad social?" "Esta vez, o nos salvamos todos o nos
perdemos todos. Esta vez no habrá un arca de Noé para preservar
a unos pocos", advierte este agitador universal antes de reclamar
una "ética de la compasión y de la liberación".
Es optimista. "Nacerá una nueva humanidad, y formas más
colectivas de gestionar los recursos, un nuevo socialismo". Eso llegará
a ser el futuro global, aunque, dice, "estamos en la edad de piedra
de esa globalización". "La humanidad está viviendo
una fase nueva en la que los pueblos se vuelven de su gran exilio, donde
estaban dispersados, a la casa común que es el planeta Tierra,
lo que supone una conciencia más colectiva.
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