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Defender el “socialismo de mercado” como el instrumento más adecuado para desarrollar las fuerzas productivas, supone ignorar que éstas son una categoría económica en la teoría marxista y que su desarrollo está condicionado por el carácter de las relaciones sociales de producción. Confundir el desarrollo de las fuerzas productivas con el mero crecimiento económico, es decir, con la tasa de crecimiento del PNB, supone caer en el economicismo más vulgar.

Los cambios sociales, económicos y políticos introducidos durante el periodo de “reforma y apertura” que hemos ido describiendo hasta ahora, que los dirigentes del PCCh presentan como el “socialismo con peculiaridades chinas” y que también describen como una “economía de mercado socialista”, así como toda la elaboración teórica dirigida a justificarlos, desde un punto de vista ideológico y político, configuran una situación completamente distinta a la que existía en China en la época d Mao y que, con altibajos, con avances y retrocesos, se mantuvo hasta su muerte en Septiembre de 1976.

Teniendo todo esto en cuenta, podemos afirmar que la llamada, eufemísticamente, “economia de mercado socialista” no constituye una modalidad, una variante, del capitalismo de Estado. Abundando más en esta cuestión, hay que precisar que la China de nuestos días ha sufrido una profunda mutación, ha experimentado un cambio radical, en su naturaleza social, económica y política.

Sabemos que una de las leyes de la Dialéctica, formulada por Engels, se refiere a la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos, de tal forma que la acumulación de los primeros, es decir de los cambios evolutivos, llega a provocar una transformación radical o lo que es lo mismo, un salto cualitativo.

Esto explica como la sucesión de reformas económicas aplicadas en China, desde finales de la década de los setenta, con el pretexto de promover el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque en un principio no representaron un cambio en la formación social china, y hasta pudieron mejorar en alguna medida las condiciones de vida de una parte de la población, al irse acumulando sus efectos, han acabado provocando un cambio cualitativo en la misma.

De esta manera, China ha cambiado de naturaleza, pasando de ser un país socialista, a convertirse en un país capitalista. Es decir que las reformas económicas han acabado posibilitando la restauración del capitalismo. Pero, no debemos entender esto como que China haya retornado a la misma situación que había antes de la revolución. Eso sería hacer una interpretación excesívamente simplista y “mecanicista” de la Dialéctica.

Hay que tener en cuenta que los procesos sociales son mucho más complejos que los que se puedan dar en algunos ámbitos de la naturaleza, como por ejemplo, en el fisico-químico. Así, por poner un símil, no podemos extrapolar al ámbito social el famoso caso de los cambios de estado del agua, con los procesos de evaporación y de condensación. En los procesos de cambio social intervienen muchas variables que hacen que cuando se produce un proceso “involutivo”, no se retorne al mismo punto de partida, puesto que las condiciones iniciales (sociales, económicas y políticas) ya fueron sustancialmente modificadas en la fase anterior, en la que se desarrolló el proceso “progresivo”.

Esto es, a todas luces evidente. Por ejemplo, en la China de hoy ya no encontramos unas relaciones de producción semifeudales, como existían en las zonas rurales de la mayor parte del país, antes de la revolución. Porque, precísamente, fueron destruidas por ella. Tampoco existe la misma estructura de clases que en la época prerrevolucionaria. Aunque el campesinado sigue siendo, todavía, la clase más numerosa, el proletariado industrial ha crecido considerablemente desde entonces.

La situación social de China, su estructura de clases, tampoco es comparable con la que existe en los otros países asiáticos de su entorno y, por supuesto, tampoco se la puede comparar con la de los países capitalistas desarrollados. Podemos decir que China es un país en el que existe una formación social compleja, en la que sobre una misma base económica coexisten y se interrelacionan elementos propios de distintas formaciones sociales. Se trata de un capitalismo singular, de características especiales, un capitalismo de tipo híbrido. En vez de un“socialismo de características chinas”, habría que hablar de un “capitalismo de rasgos chinos”.

A continuación, voy a tratar de exponer a grandes rasgos los aspectos originales de la formación social china. A mi modo de ver, en dicho país coexisten elementos propios de varias formaciones sociales:

a) La pequeña producción mercantil. En el campo, se ha desarrollado, en gran medida, a raiz del inicio de las reformas económicas. Con el desmantelamiento de las comunas populares y la adjudicación (en usufructo) de pequeñas parcelas familiares a los campesinos, ha crecido considerablemente. También se ha visto favorecida por el proceso de liberalización de los precios. De igual forma, en las ciudades ha crecido enormemente el número de pequeños empresarios urbanos, propietarios particulares de medios de producción, al calor de las nuevas facilidades para la constitución de empresas privadas.

b) La producción cooperativa. Está constituída por las llamadas “empresas colectivas” de cantón y de poblado que surgieron, espontáneamente, tras el desmantelamienmto de las comunas populares. Muchas de ellas han caído en manos de los especuladores y burócratas locales. No obstante, durante cierto tiempo, han contribuído a elevar el nivel de vida de los campesinos. Aunque, como todas las cooperativas, tienen un carácter contradictorio, en la medida en que los medios de producción (aperos y maquinaria agrícola) son propiedad colectiva del grupo de miembros de la cooperativa; de hecho, constituyen unidades de producción privadas ya que su relación con el conjunto de la economía china se establece a través del mercado. Los defensores de la “economía de mercado socialista” airean la existencia de este tipo de propiedad “colectiva” ya que así pretenden ocultar la vedadera naturaleza de la formación social china.

c) El capitalismo privado. Se ha visto favorecido, además de por los cambios legislativos que facilitan la creación de nuevas empresas, por la privatización de gran número de las empresas estatales, fundamentalmente de las pequeñas y medianas; así como por la implantación de un sistema de acciones que permite la participación de capital privado en las EE, incluso por encima del 50% de su capital social, a partir de Noviembre de 2003.

Muchas de las EE privatizadas, han sido adquiridas por sus antiguos directivos o por dirigentes (locales o provinciales) del PCCh. Todo ello, ha dado lugar al surgimiento de una nueva burguesía china. Una clase de capitalistas “nacionales” en cuyo seno ya se está produciendo una diferenciación en capas (superior e inferior), que está dando lugar a la aparición de un buen número de multimillonarios.

En cuanto al capitalismo extranjero, las empresas foráneas establecidas en China han crecido exponencialmente en los últimos años, a medida que iban desapareciendo las limitaciones y controles impuestos a la inversión extranjera directa. Por su origen, una parte de dichas empresas son filiales de otras, generalmente, de tamaño mediano; pero también hay buen número de ellas que forman parte de empresas multinacionales.

d) El capitalismo burocrático. No debemos confundirlo con el capitalismo de Estado, como política económica desarrollada por el Estado proletario, que hemos visto antes. Esta forma de economía tiene su origen en la transformación (deformación burocrática) que ha tenido lugar en la naturaleza de clase del partido comunista y del Estado chino, que han dado lugar al surgimiento de una nueva clase social, la burguesía burocrática o burguesía de Estado. Más adelante veremos con detalle como se ha desarrollado este proceso.

Lo peculiar de la formación social china es que en ella existen, simultáneamente, tres burguesías distintas: la nueva burguesía (privada) china, la burguesía extranjera y la burguesía burocrática (de Estado). Tres clases explotadoras entre las que se ha establecido una compleja interacción multipolar.

El hecho de que el capitalismo chino no se corresponda con los patrones “clásicos”, “no encaje” en los esquemas habituales, no tiene porqué extrañarnos. La realidad social es muy compleja y muchas veces no se puede reducir a esquemas preconcebidos. Ya planteó Marx que una misma base económica puede existir bajo una gran variedad y complejidad de formas:

“en su modo de manifestarse infinitas variaciones y gradaciones debidas a distintas e innumerables circunstancias empíricas, condiciones naturales, factores étnicos, influencias históricas que actúan desde el exterior, etc.,
variaciones y gradaciones que sólo pueden comprenderse mediante el análisis de estas circunstancias empíricas dadas”.

Para terminar esta primera parte, quiero referirme a los argumentos que emplean algunos de los que, desde Europa occidental, defienden el supuesto carácter socialista de la formación social china.

En primer lugar, se basan en el papel dirigente que juega el partido comunista. Pero, ese partido ¿sigue siendo todavía un partido revolucionario, un partido de clase, un partido obrero? Sobre este aspecto, hay que decir que en el XVI Congreso Nacional del PCCh, que se celebró en Noviembre de 2002, se ratificó el concepto de la “triple representatividad”, elaborado por Jiang Zemin y que, de hecho, ya se venía aplicando desde el 2000. Este nuevo concepto, con el pretexto de ampliar la base social del partido, abría las puertas del mismo a los tecnócratas y a los empresarios privados, provocando su desnaturalización. De ser un partido de clase, el PCCh ha pasado a convertirse en un partido “interclasista”. Pero esto no obedece más que a un intento de adecuar la teoría a una composición social que ya había dejado de ser mayoritariamente proletaria.

Según un estudio del economista cubano Dr. Julio A. Díaz Vázquez, profesor del Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana y, por cierto, defensor del “socialismo de mercado” chino, en el año 2004, el PCCh contaba con más de 69 millones de miembros. Pues bien, según dicho estudio, la composición social del partido era la siguiente:

“... el 12% eran obreros; un 29% funcionarios gubernamentales, personal administrativo de empresas e instituciones de propiedad estatal y técnicos; un 32% campesinos (sin ser un partido agrario); y el restante27% son soldados, estudiantes y jubilados. Composición ésta que parece invertir la pirámide de la concepción leninista del partido”.

En segundo lugar, se basan en que el Estado chino continúa manteniendo en sus manos la propiedad de la tierra. Pero, ya hemos visto que con el desmantelamiento de las comunas populares y la transformación de cientos de millones de campesinos en productores privados (ya sean individuales o agrupados en cooperativas), que se relacionan entre sí y con el resto de los sectores económicos, a través del mercado; de hecho, el resultado práctico de todo esto ha sido la dispersión real y efectiva de la producción agrícola y, en definitiva, que la misma se comporte igual que si la propiedad de la tierra estuviese repartida entre millones de empresas agrícolas privadas.

En tercer lugar, argumentan que el sector público, las empresas estatales, continúan teniendo un peso importante en la economía china. Tampoco esta es una razón válida. Según un reciente estudio, el sector estatal actualmente sólo contribuye con el 30% del ingreso nacional y cada vez es menor su participación en el mismo. En cuanto al porcentaje de participación de las empresas estatales en la producción, ésta ha pasado de representar un 78% en 1978 a un 23.5% en el año 2000; y en cuanto al empleo formal urbano, ha pasado de ocupar a un 78.3% de la mano de obra en 1978 a tan sólo un 38.1% en el mismo periodo. Además, hay que tener en cuenta el impulso a la completa liberalización de las empresas públicas que se dió en Noviembre de 2003.

Por último, los defensores del carácter “socialista” de las reformas chinas, basan su argumentación en los supuestos “valores” socialistas que se inculcan en los jóvenes y en la enseñanza del marxismo en las escuelas y universidades chinas. En este aspecto, no es tan necesario acudir a las cifras y a los datos económicos y sociales. Basta con echar una mirada a los periódicos o revistas, cuando hablan de China, leer su prensa en Internet, ver reportajes de TV o hablar con quienes han estado allí, para darse cuenta de cómo las aspiraciones de los y las jóvenes de aquel país, se parecen cada vez más a los de la juventud occidental. Las modas, los hábitos y las costumbres, de los países capitalistas desarrollados (EEUU, Europa y Japón), así como el afán consumista compulsivo, han ganado muchos adeptos entre la juventud china. No creo que sean estos, precísamente, unos valores “socialistas” de los que se pueda alardear, ni tampoco creo que sean producto de una formación basada en el marxismo.

Euskal Herria. 6 de Agosto de 2006. Santi Ramírez.

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