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EVA
En la mitología
hebrea, primer ser humano mujer y, por tanto, madre de toda la especie
humana. El libro del Génesis contiene dos relatos distintos de
la creación de la mujer. En el primero, Adán y Eva son creados
simultáneamente por Dios. En el segundo, Adán es dormido
y Dios le extrae una costilla de la que nace Eva. El cristianismo ha marcado
el acento en la segunda versión desde el apóstol Pablo hasta
los Santos Padres de la Iglesia, y así, hasta nuestros días.
El que Eva fuera creada después y a partir de Adán (el hombre)
ha justificado durante veinte siglos el hecho de que la mujer debiese
obedecer al varón y sentirse inferior a él pues había
sido hecha a imagen suya y él en cambio lo había sido a
imagen de Dios. (Génesis 1 y 2)
Aunque el mito de Adán y Eva no aparece en ningún otro pueblo
de la antigüedad aparte del hebreo, su difusión a partir del
cristianismo lo convierte en un punto clave de las relaciones hombre-mujer
en la cultura occidental. La categoría de poder que lleva implícito
el que Adán haya existido antes que Eva ha sido un argumento tan
utilizado a través de estos dos mil años que todavía
en la actualidad la Iglesia se resiste abandonarlo. Así, en la
nota al versículo 24 del capítulo 3 del Génesis podemos
leer:
"La Comisión Pontificia Bíblica, en decreto de 30 de
junio de 1908, después de condenar los sistemas que niegan todo
valor histórico a estos relatos (de la creación) señala
algunos puntos que en éste han de ser tenidos por históricos:
haber sido formada la mujer del cuerpo del primer hombre..."
El 30 de junio de 1909, siendo Papa san Pío X, la Comisión
Bíblica responde a la Duda III que dice "si puede ponerse
en duda el sentido literal histórico donde se trata de hechos narrados
en los mismos capítulos que tocan a los fundamentos de la religión
cristiana, como son, entre otros, la creación de todas las cosas
hechas por Dios al principio del tiempo; la peculiar creación del
hombre; la formación de la primera mujer...". La respuesta
es: "Negativamente". En el texto queda muy claro que Adán
es creado y la mujer formada. (Dezinger: El magisterio de la Iglesia)
De todos modos, incluso remitiéndonos a la primera versión,
EVA es creada por Dios. ¿Una entidad superior de signo masculino?
Quizá no. En el capítulo I del Génesis Dios es llamado
Elohim que significa "pluralidad de dioses", lo que explicaría
que al crear a hombre y mujer dijera de hacerlos "a nuestra semejanza".
Según algunos textos hebreos, EVA sería la segunda esposa
de Adán, la que Dios le da cuando la primera, Lilith, le ha abandonado.
EVA es, desde este punto de vista, el prototipo de mujer deseable dentro
del orden patriarcal: esposa fiel y obediente, madre múltiple y
sufrida; en una palabra: mujer dominada.
El segundo aspecto importante de EVA es su contribución a la caída.
Débil, se deja tentar por la serpiente pero en su debilidad arrastra
a Adán y la muerte y el pecado se introducen en el mundo por su
culpa. Segundona, inferior, y por añadidura débil y culpable,
con el mito de Eva se cierran las esposas que mantendrán atada
de pies y manos a la mujer en adelante.
El psicoanalista Theodor Reik, discípulo de Freud y creador de
lo que él llama "el psicoanálisis arqueológico",
en su libro La creación de la mujer hace un análisis del
mito que es importante conocer si se quiere acercar uno al personaje de
EVA. En primer lugar, califica Reik al mito de impostura, o sea, "una
historia intencionalmente disparatada". "un engaño prefabricado
e impuesto a los no iniciados".
El primer paso de Reik, por supuesto, es invertir los términos:
no es EVA quien nace de Adán sino al contrario. El más elemental
sentido común nos indica que no podría ser de otra manera.
La inversión tiene por objeto negar que Adán es hijo de
una Gran Diosa, como lo fueron otros varones míticos tales como
Tammuz, Osiris, Atis, etc. Invirtiendo el mito se consigue sumergir el
incesto madre-hijo y permitir que emerja el incesto padre-hija. "...Por
tanto, no se trata solamente de la historia del nacimiento de una hija,
sino también del incesto cometido con ella por el antepasado tribal."
El mito de Adán y EVA tiene resonancias también de la masculina
"envidia del parto". Sigue Reik: "La historia de Eva parece
decir: nosotros, los varones, también podemos dar a luz, podemos
incluso engendrar hijas". (...) "Al formular esta aseveración
ridícula, el mito se burla de las madres que quieren conservar
a sus hijos para sí en base al hecho innegable de haberlos engendrado."
Con relación al mito de la caída, que es la continuación
necesaria del de Adán y EVA, el científico y también
psicoanalista alemán Ernst Borneman dice en su obra Das patriarkat:
"Lo que la Biblia describe como el pecado original, es el descubrimiento
del Yo en tanto que entidad distinta de la comunidad. Con la toma de conciencia
del Yo aparece la prohibición del incesto, y con esta prohibición
nace el pensamiento bajo forma de categorías humanas. En efecto,
la idea de que hay alguien con quien no se tiene el derecho de acoplarse,
presupone una conciencia del Yo considerablemente desarrollada: los animales
no conocen el tabú del incesto. A partir del momento en que se
decide acoplarse con A y no con B se parte a la humanidad en dos clases,
una superior, que es seductora, y otra inferior, tocada por el tabú.
Así son puestos no sólo los fundamentos de la jerarquía
humana, sino también los de la explotación del hombre por
el hombre." (T. De la A., de la versión francesa)
Según esta interpretación de Borneman, por otra parte totalmente
plausible, la conciencia del Yo (madurez psíquica) es adquirida
antes por la mujer si seguimos el mito de la caída, en el cual
hay dos momentos: 1) el de la adquisición del conocimiento por
parte de EVA, y 2) cómo Adán lo recibe de ella. Aunque en
el Génesis esto ocupe sólo dos versículos, en la
realidad humana pudo suponer un espacio de tiempo considerable. En síntesis
podríamos decir que las mujeres no sólo dieron a luz a los
hombres sino que además les transmitieron el conocimiento, les
dieron un Yo que ellas habían adquirido antes. La serpiente como
figura de la tentación vendría a corroborar esto si tenemos
en cuenta que antes de ser un símbolo fálico, masculino,
la serpiente lo fue femenino en función de su sabiduría
y larga vida, que es el sentido con que la ostenta el dios de la Medicina,
Esculapio. Pero al invertir la realidad en el mito de Adán y EVA
se invierten también los valores atribuidos a lo femenino. Como
puede verse en las voces AMAZONA, DIOSA, LILITH y otras, lo femenino es
degradado a la condición demoníaca, representada por animales
que otrora pudieron representar valores culturales importantes y que sólo
el que nos los hayan ofrecido durante milenios como negativos nos permite
verlos hoy así. La serpiente podría significar en el mito
de la caída a la Gran Madre iniciadora de la hija, o sea, la relación
madre-hija, la más arcaica y también la más prohibida,
la que produce la auténtica filiación materna, la que es
destruida y abolida por el patriarcado. EVA es el símbolo de esa
destrucción.
En la díada madre-hija la maternidad no es una imposición
y la sexualidad femenina está liberada. Por esto EVA es el símbolo
de la sexualidad femenina reprimida y de la maternidad puesta al servicio
del hombre. La serpiente es una representación de la mujer prepatriarcal:
"En la figura de la serpiente al sexo femenino se le echa también
la culpa del comercio sexual prohibido. Y así se levanta una barrera
entre el sexo femenino simbolizado por la serpiente y un sexo femenino
representado por EVA, ya sometido al dominio del varón. En la interpretación
patriarcal Eva sólo nace de una costilla de Adán; surge
de él como Atenea de la cabeza de Zeus. Pero la serpiente es maldecida
y sólo aparece con la boca abierta a manera de vagina dentata castrante
que pone en peligro la existencia de la civilización y por ello
es justo que deba ser aniquilada" (Kurnitszky, Horst: La estructura
libidinal del dinero-una contribución a la teoría de la
femeneidad-)
María, la segunda EVA, es frecuentemente representada con una serpiente
bajo sus pies.
Extractado del libro
"Un Diccionario Ideológico Feminista".
Autora: Victoria Sau.
Editorial Icaria
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